Ur mara: una invitación a la pausa

«Es fundamental que en los contextos rurales también existan espacios donde acceder al arte contemporáneo, generar encuentros y participar en la vida cultural», Gerezi Jauregui, responsable de Ur Mara Museoa




Ruth López y Laura Ruiz

En Alkiza, Guipuzkoa (País Vasco), se encuentra en medio del bosque Ur mara Museoa, un espacio dedicado a la cultura. Inaugurado en 2010 por el escultor vasco Koldobika Jauregi (1959 – 2024) junto a su esposa, Elena Cajareville, Ur mara se erige como un “espacio experimental y colaborativo” en la zona rural de Tolosaldea donde conviven arte, filosofía y naturaleza como los protagonistas.

Ur mara es en la actualidad dirigido por Gerezi Jauregui, quien ha recogido el testigo del proyecto familiar para seguir pensándolo como un espacio en constante transformación. Desde esa posición, su mirada combina continuidad y cambio, entre el cuidado del legado y la exploración de nuevas formas de hacer. Hablamos con ella sobre la gestión cultural en el medio rural, sus retos y cómo redefinir un museo alejado de lo tradicional. 

Elena Cajaraville y Gerezi Jauregi junto a una escultura de Koldobika Jauregi

Laura y Ruth: ¿Cómo se define Ur mara? 

Gerezi Jauregui: Ur mara forma oficialmente parte de la red de museos de Gipuzkoa. En el contacto con otras instituciones el espacio se presenta con la denominación de museo, aunque considero que las funciones que cumple van más allá de esa categoría. Más que un museo en el sentido tradicional, lo pienso como un ejercicio constante, un proyecto en proceso. En este sentido, lo entiendo como una especie de laboratorio de experiencias, tanto para quienes trabajamos en el museo como para las personas que lo visitan, donde exploramos distintas formas de relación entre el arte, la naturaleza y la comunidad.  
 
En su forma, el museo no responde a la idea del cubo blanco. Durante la visita, las personas pueden recorrer el espacio y ver la colección permanente de esculturas de Koldobika Jauregi integradas en el entorno natural. Aunque contamos también con algunas salas expositivas, estas tampoco funcionan como cubos blancos aislados, sino que mantienen una relación directa con el exterior y con el paisaje que rodea el museo. De este modo, la experiencia de la visita se construye a partir del diálogo continuo entre las obras, la arquitectura y el medio natural.  


L.R.: ¿Cuál es el origen de Ur mara? 

G.J.: El origen de Ur mara está estrechamente vinculado a la trayectoria artística y vital de mis padres, Koldobika Jauregi y Elena Cajaraville, así como al contexto cultural y social del entorno rural de Alkiza. Creo que el proyecto surgió de la forma más natural posible. En el contexto de la crisis económica de 2008, cuando muchas galerías y salas expositivas cerraban y el apoyo institucional a la cultura disminuía, sintieron la necesidad de abrir su propio espacio expositivo donde las obras de Koldobika pudieran estar al alcance del público. En un momento en el que su forma de vida se tambaleaba, imaginar otras formas de producción y difusión cultural se volvió una necesidad.

Antes de abrir Ur mara, en 2008 surgió el grupo Itxurain, impulsado por Koldobika Jauregi. Este colectivo defendía que el futuro de Alkiza debía orientarse hacia una gestión sostenible del paisaje y de los recursos naturales, poniendo en valor el patrimonio cultural, etnográfico y arquitectónico del municipio. A partir de estas ideas se organizaron diversas actividades de “etnografía viva”, en las que los habitantes del pueblo participaron en la recuperación y documentación de trabajos tradicionales vinculados al mundo rural. Estas actividades generaron materiales fotográficos, exposiciones y talleres realizados junto a la escuela del pueblo, implicando a gran parte de la comunidad en la construcción de un archivo colectivo sobre la cultura rural.

Siguiendo este hilo que entrelaza naturaleza, ruralidad y práctica artística, comenzó a tomar forma la idea de crear un espacio que integrara estas dimensiones. De este modo nació Ur mara, concebido no como un museo tradicional, sino como un lugar situado en el bosque donde arte, paisaje y memoria cultural conviven. El proyecto se nutre también de experiencias previas como la construcción de una pequeña cabaña en el bosque en 1992 tras la lectura de Walden de Henry David Thoreau. 


<<Ur mara no es un lugar aséptico ni descontextualizado, las obras y las intervenciones que se presentan en él se entienden como conversaciones que se establecen con el propio espacio, con el paisaje y con las condiciones naturales que lo atraviesan>>


L.R.: ¿Cuáles son vuestros objetivos en Ur mara?

G.J.: Uno de nuestros principales objetivos es proponer un espacio donde poder acercarse al arte y a la cultura de una forma menos inmediata, favoreciendo una experiencia más pausada y atenta. El propio recorrido por el museo y su relación con el paisaje invitan a que la visita se produzca sin prisa, permitiendo que las personas se relacionen con las obras, con el entorno natural y con el tiempo de otra manera.

 

Al mismo tiempo, buscamos fomentar una relación más sostenible con el espacio que habitamos, entendiendo el museo no sólo como un lugar para mostrar arte, sino también como un entorno que debe ser cuidado y respetado. En ese sentido, el proyecto intenta mantener un equilibrio entre la actividad cultural y la preservación del paisaje. Ur mara no es un lugar aséptico ni descontextualizado, las obras y las intervenciones que se presentan en él se entienden como conversaciones que se establecen con el propio espacio, con el paisaje y con las condiciones naturales que lo atraviesan.

Por último, también nos parece importante reivindicar el derecho a la cultura, especialmente en el medio rural. Muchas veces se asume que la oferta cultural se concentra en las ciudades, pero creemos que es fundamental que en los contextos rurales también existan espacios donde acceder al arte contemporáneo, generar encuentros y participar en la vida cultural. Al mismo tiempo, nos interesa cuidar y atender al patrimonio etnográfico del lugar y ser testigos de las tradiciones que han configurado este territorio.

Sin embargo, no entendemos Ur mara como un espacio dedicado únicamente a conservar o guardar esas prácticas, sino como un lugar desde el que reinterpretarlas e intervenir en aquello que nos construye culturalmente, generando así una mirada que no solo se dirija al pasado, sino que también pueda proyectarse hacia el futuro. 


L.R.:  ¿Cómo se estructura el espacio?

G.J.: El museo se organiza principalmente alrededor de un bosque, donde la colección permanente de esculturas se distribuye a lo largo de los senderos. La visita se realiza como un paseo en el que las obras van apareciendo en diálogo con el entorno natural. Durante el recorrido también se pueden observar restos etnográficos, como tres caleras, una de ellas en un estado de conservación muy bueno.

Además del espacio exterior, el museo cuenta con espacios construidos, como el invernadero, destinado a exposiciones, talleres, conferencias y otras actividades. También existe el espacio Hitzaren Babesa o Espacio Thoreau, dedicado a la reflexión y la poesía, e inspirado en el pensamiento de Henry David Thoreau.

Ur mara desarrolla su actividad en tres bloques principales:

El primer bloque es la gestión del museo, que incluye el mantenimiento del espacio, la programación anual de actividades y el contacto con colaboradores y voluntarios. Con ellos se realizan reuniones anuales para hacer un seguimiento del funcionamiento general y evaluar los resultados de las actividades programadas.

Otro bloque es el de asesoramiento cultural. Este bloque se centra en la relación con diferentes agentes culturales. Consiste en ofrecer orientación sobre producción de eventos, tratamientos de obras, gestión de proyectos conjuntos u otras cuestiones relacionadas con la actividad cultural.

Por último, está la conservación y difusión de la obra de Koldobika Jauregi. Comprende la recopilación de textos y bocetos, la catalogación de toda la obra y la gestión de la exposición permanente. También incluye la propuesta de exposiciones, así como la atención a proyectos de otras entidades interesados en mostrar la obra o desarrollar iniciativas relacionadas. 


El invernadero de Ur mara

L.R.: ¿Cuál es la división de tareas/responsabilidades?

G.J.: La división de tareas en el museo es relativamente sencilla, ya que por la forma en la que está planteado el museo no requiere una gran estructura de trabajo ni un equipo amplio.

Por un lado, las tareas de gestión económica, como pagos, nóminas, presupuestos y otros aspectos administrativos, son responsabilidad del órgano gestor del museo, la Asociación Cultural Ur mara. Esta entidad se encarga de la organización y del funcionamiento institucional del proyecto.

Por otro lado, la producción y organización de las actividades culturales suele recaer en una persona responsable de coordinar los eventos. Entre estas tareas se encuentran contactar con los artistas, organizar las fechas y coordinar la realización de las actividades. Además, esta persona también se ocupa de gestionar el programa de prácticas becadas que el museo ofrece en colaboración con la Universidad del País Vasco, coordinando la participación de estudiantes en el proyecto.

En general, la estructura de responsabilidades es flexible y se adapta a la escala del museo, combinando la gestión institucional de la asociación con la coordinación directa de las actividades culturales y formativas. 


<<Más que una gestión cultural entendida únicamente desde lo administrativo, lo vivo como una práctica que combina organización, mediación cultural y cuidado del proyecto>>


L.R.: ¿Esa división depende de cargos asignados o de las posibilidades de cada persona?

G.J.: En nuestro caso, la división del trabajo depende más de las posibilidades, intereses y capacidades de cada persona que de una estructura de cargos muy rígida. Al tratarse de un proyecto pequeño, las tareas suelen repartirse de una manera bastante flexible y muchas veces cada una asume distintos roles según las necesidades del momento. Hay responsabilidades más claras en algunos ámbitos, pero en general el funcionamiento del proyecto se basa en la colaboración y en una organización bastante horizontal. Esto también hace que el trabajo sea muy diverso y que las personas implicadas tengan que adaptarse continuamente a diferentes tareas, desde la programación cultural hasta el mantenimiento del espacio o la gestión cotidiana del museo.


L.R.:  ¿Os consideráis gestoras culturales?

G.J.: Sí, creo que en cierta medida sí podemos considerarnos gestoras culturales, aunque no sea necesariamente la etiqueta desde la que pensamos nuestro trabajo. La gestión cultural forma parte del día a día del proyecto: organizar la programación, coordinar actividades, mantener el espacio, relacionarnos con artistas, instituciones y público. Sin embargo, muchas veces siento que nuestro trabajo va más allá de esa categoría, porque también implica cuidar el lugar, sostener una comunidad y pensar constantemente nuevas formas de relación entre el arte, la naturaleza y las personas que visitan el museo. En ese sentido, más que una gestión cultural entendida únicamente desde lo administrativo, lo vivo como una práctica que combina organización, mediación cultural y cuidado del proyecto. 


L.R.: ¿Qué papel creéis que tenéis dentro de la cultura local de Alkiza? ¿Y de la cultura en general?

G.J.: Dentro de la cultura local de Alkiza, creemos que nuestro papel es ser un espacio de encuentro y de creación que conecta a la comunidad con el arte y la naturaleza. A través de las exposiciones al aire libre, talleres y actividades poéticas, tratamos de fomentar la participación activa de los vecinos y de poner en valor el patrimonio cultural y etnográfico de la zona. La relación cercana con colaboradores y voluntarios permite que el museo sea percibido como un recurso vivo de la comunidad, no solo como un espacio de exhibición.

En cuanto a la cultura en general, Ur mara busca contribuir al diálogo cultural más amplio, ofreciendo asesoramiento a otras instituciones, colaborando en proyectos externos y difundiendo la obra de Koldobika Jauregi. De este modo, participamos en redes culturales más allá de Alkiza, aportando experiencias, conocimiento y reflexiones sobre la relación entre arte, naturaleza y comunidad. Nuestro enfoque intenta mostrar que lo rural puede ser un lugar de innovación cultural y pensamiento crítico, desafiando la idea de que la cultura se concentra únicamente en grandes centros urbanos. 


L.R.: ¿Cómo creéis que Ur Mara funcionaría en otra localidad más grande o en una ciudad? 

G.J.: Creo que Ur mara es un proyecto profundamente ligado al lugar en el que se encuentra, tanto por el paisaje como por el contexto social y cultural de Alkiza. Gran parte de su sentido tiene que ver precisamente con esa relación con el entorno natural y con el ritmo propio del medio rural. Pienso que, si estuviera situado en un lugar más accesible o céntrico, probablemente no sería sostenible en los mismos términos en los que funciona ahora. 

Seguramente, el proyecto podría seguir existiendo de otra manera, porque la forma en la que nos relacionamos con los visitantes y planteamos las actividades podría adaptarse a otros contextos. Sin embargo, creo que sería un espacio mucho más atravesado por dinámicas de gentrificación y por una presión mayor sobre el entorno, algo que haría muy difícil mantener un espacio natural como el que intentamos cuidar en Ur mara. En ese sentido, el lugar en el que está situado no es solo un contexto, sino una condición fundamental para que el proyecto pueda existir tal y como lo entendemos. 


<<Tampoco me interesa romantizar lo rural ni presentarlo como una especie de gran “familia”. Hay muchas personas del pueblo que nunca han venido a Ur mara y a las que simplemente no les interesa el proyecto, y me parece algo completamente legítimo>>



L.R.: ¿Cómo conectáis/contactáis con el público local?

G.J.: La relación con el público local ha sido muy importante desde el inicio del proyecto. En parte, esto se debe a que muchas de las primeras actividades que se organizaron estaban vinculadas a la recuperación y puesta en valor de prácticas y conocimientos relacionados con la cultura rural del propio pueblo. Esto generó desde el principio una implicación bastante directa de las personas que viven en Alkiza y en los alrededores. Hay que tener en cuenta que Alkiza tiene 300 habitantes y las localidades de alrededor algo parecido. Esto supone que la mayoría de personas nos conozca y de vez en cuando se asomen por aquí para saber qué estamos haciendo. También hay que tener en cuenta que Alkiza tiene alrededor de 300 habitantes, y que las localidades cercanas cuentan con poblaciones similares. Esto hace que la mayoría de las personas nos conozca y que, de vez en cuando, se acerquen para ver qué estamos haciendo o qué actividades se están desarrollando en el espacio.

Aun así, tampoco me interesa romantizar lo rural ni presentarlo como una especie de gran “familia”. Hay muchas personas del pueblo que nunca han venido a Ur mara y a las que simplemente no les interesa el proyecto, y me parece algo completamente legítimo. No creo que porque algo suceda en tu propia localidad exista necesariamente una obligación de interesarse o participar en ello.

Hoy en día, seguimos intentando mantener esa relación a través de la programación de actividades abiertas, talleres, conciertos o encuentros que invitan a las personas del entorno a participar en el espacio. También es importante el boca a boca y la red de relaciones personales que se ha ido creando con los años. En muchos casos, el público local no solo visita el museo, sino que también colabora, participa o se implica de distintas maneras en el desarrollo del proyecto. 


L.R.: ¿Cómo decidís la programación? ¿Existe una estructura fija o cada año depende de condiciones y posibilidades circunstanciales?

G.J.: Tenemos una estructura fija que mantenemos cada año. Organizamos tres exposiciones diferentes, con conciertos los días de inauguración y dos conferencias, desde la primavera hasta el otoño. Esto entra dentro de la programación de “Grap-hik! Encuentros sobre arte y naturaleza”. Es un formato que hemos ido trabajando durante años y ahora funciona muy bien. A la hora de diseñar la programación tenemos muy en cuenta las fechas y procuramos dejar espacio entre ellas. Ya que el museo se encuentra en el medio rural, tenemos en cuenta que no podemos ofrecer más actividades culturales de las que la propia demografía del lugar puede tomar.



L.R.: ¿Qué programación ofrecéis?
 

G.J.: Además de la programación que os he comentado antes, dependiendo de los proyectos que surjan y las convocatorias a subvenciones para actividades culturales, organizamos talleres u otras actividades se realizan fuera del formato “Grap-hik!”. Por otro lado, además de ofrecer visitas guiadas en el museo, tenemos un programa de cesión del espacio. Cedemos el espacio a diferentes entidades y agentes siempre y cuando se mantengan dentro de la línea de pensamiento del museo, y sobre todo respetando el espacio y a sus habitantes.


 

L.R.: ¿Qué criterios utilizáis para seleccionar artistas o proyectos?


G.J.: Los criterios que utilizamos son muy variados. Por un lado, intentamos que cada año participen artistas y proyectos jóvenes o emergentes. Creemos que es importante dar lugar a nuevas voces y tenderles la mano para que se puedan incorporar a los circuitos de arte. A veces, diseñamos las exposiciones con temas o materialidades concretos y en base a eso llamamos a gente que creemos que puede encajar con la idea. Otras veces hay personas que nos presentan proyectos expositivos, y siempre que las propuestas sigan el hilo del pensamiento de Ur mara, solemos aceptarlas. 



L.R.:¿Qué actividades tienen más éxito? ¿Y por qué pensáis que tienen más éxito?


G.J.: Por lo general, las exposiciones suelen tener más éxito que las conferencias. Una de las exposiciones que más gente suele atraer es la primera de la temporada que celebramos a principios de abril. Esta exposición tiene un formato diferente a las demás ya que celebramos el Slow Art Day. Es una iniciativa global que anima a museos o centros culturales a ofrecer exposiciones que duran un solo día. La idea es que los visitantes dediquen más tiempo de lo normal a contemplar las obras, y por nuestra parte hacemos un trabajo de mediación para que estos espectadores se acerquen a las obras y poder generar un espacio donde compartir ideas. 

 

Algo que descubrimos con los años fue que hacer comidas populares después de las actividades funciona muy bien. Por un lado, porque el museo se encuentra en una zona donde la oferta para comer no es muy variada y requiere tomar el coche para moverse a cualquier lado, a la gente le da menos pereza y asiste una mayor cantidad de personas. Por otra parte, a los visitantes les gusta mucho tener un espacio informal donde hablar de lo que han visto y compartir espacio con los artistas. Esto ha hecho que a lo largo de los años gran parte del público asista a la mayoría de actividades y repitan todos los años. La cercanía que ofrece este formato permite a las personas entrar un poquito más dentro del museo, sentirse arropados, y la sensación de estar tejiendo una red se convierte realidad.  

 

 

L.R.: ¿Colaboráis con otras instituciones culturales o educativas?

 

G.J.: Sí, colaboramos con diferentes instituciones de carácter muy variado, así como con otros agentes culturales. Por un lado, mantenemos contacto directo con el Ayuntamiento de Alkiza durante todo el año, trabajamos en conjunto con el departamento de cultura para realizar proyectos ponen en valor tanto la cultura local como la naturaleza que rodea el pueblo. 

 

Además, como museo también colaboramos con centros de educación formal: ellos nos presentan proyectos que les interesa trabajar con el alumnado y desde Ur mara intentamos acompañarlos preparando talleres, visitas, charlas… que puedan favorecer el aprendizaje desde la práctica.


Durante estos 16 años en los que el espacio ha estado funcionando, hemos colaborado con muchos artistas, artesanos y comisarios entre otros.


Desarrollo de un taller en el invernadero de Ur mara


<<No consideramos el bosque un jardín; nuestra intervención en él es mínima porque no nos interesa presentar un espacio totalmente domesticado>>


L.R.: ¿Os encontráis con problemáticas en vuestro día a día? ¿Habéis tenido alguna o algunas problemáticas repetidas a lo largo de los años? ¿Qué estrategias usáis para afrontarlas?

G.J.: Por un lado, una de las principales problemáticas tiene que ver con el mantenimiento de los espacios, especialmente del bosque. Durante los meses de invierno suelen caer algunos árboles que obstaculizan los caminos, y además crecen zarzas y maleza que invaden los recorridos. En ese sentido, el mantenimiento del lugar a veces resulta complejo porque requiere mucho tiempo y fuerza de trabajo. No consideramos el bosque un jardín; nuestra intervención en él es mínima porque no nos interesa presentar un espacio totalmente domesticado. Aun así, mantener los caminos transitables y cuidar el entorno exige un trabajo constante.

Otra cuestión que puede resultar curiosa en comparación con otros espacios culturales es la importancia que tiene el clima en el funcionamiento del museo. Al ser un espacio que en su mayoría está al aire libre, el tiempo condiciona mucho nuestra actividad.

Por otro lado, una situación que sí nos afectó mucho fueron unos ataques vandálicos que sufrimos durante un par de años. El espacio de Ur mara está rodeado de más bosque y tuvimos bastantes problemas con cazadores de la zona, ya que algunos días entraban en el recinto para realizar batidas de caza. Esto generó varias discusiones y finalmente tuvimos que recurrir a la Diputación para que interviniera. Al tratarse de un museo, no podíamos permitir la presencia de cazadores, no solo por los animales del bosque sino sobre todo porque podía suponer un riesgo para las personas que visitan el espacio.

A raíz de ese conflicto sufrimos varios actos vandálicos, rompieron vitrinas donde colocamos información sobre los recorridos, dañaron señalizaciones de los caminos e incluso atacaron una escultura de madera con un hacha. Esto ocurrió en 2021 y fue un momento difícil para el proyecto. No queríamos introducir sistemas de vigilancia porque nuestra filosofía no se basa en vigilar ni entendemos el bosque o el museo desde la desconfianza hacia quienes lo visitan. Finalmente, decidimos realizar algunas reconfiguraciones en el recorrido, trasladando las piezas más sensibles a zonas más concurridas del museo.


 <<Como proyecto de pequeña escala, somos conscientes de nuestras limitaciones económicas>> 


L.R.: ¿Cómo se financia Ur Mara? ¿Cuáles son las principales fuentes de ingreso? 

G.J.: Ur mara es una entidad de carácter privado, por lo que, aunque recibamos subvenciones para proyectos concretos, el control del propio espacio lo tenemos nosotras, por supuesto también recae en nosotras el mantenimiento. El espacio se abrió en 2010, esto es, en medio de la crisis económica que el Estado español estaba atravesando. Desde el comienzo, mis padres entendieron que para que el museo pudiese funcionar necesitaban la mayor libertad posible, y creo que esto se refleja en el propio espacio. Si vienes pensando que encontrarás un museo al uso, totalmente pulcro no vas a encontrar nada aquí. El museo se encuentra al aire libre en una zona totalmente natural. Y los espacios techados donde hacemos las exposiciones son estructuras bastante simples que no necesitan gran cantidad de recursos para ser conservados.  

Tomando como base que el espacio está pensado para ser lo más sostenible posible, el museo no necesita generar una gran cantidad de ingresos para mantenerse. En este sentido, Ur mara cuenta principalmente con dos fuentes de financiación. Por un lado, están las aportaciones que realizan las personas que visitan el museo de manera individual, las visitas guiadas y los pagos para matricularse en los talleres.  Esto es una parte que viene directamente de los visitantes. 

Por otro lado, el museo cuenta también con subvenciones públicas, que permiten financiar parte de la programación anual, así como el desarrollo de proyectos puntuales. Estas ayudas se destinan en algunos casos a iniciativas internas del propio museo, como la catalogación de las obras o la producción y publicación de catálogos y libros relacionados con el proyecto. 

Así, la combinación entre los ingresos generados por las visitas y el apoyo institucional a través de subvenciones permite sostener la actividad del museo sin necesidad de una gran estructura económica, manteniendo un modelo de funcionamiento acorde con la escala y la filosofía del proyecto. 

    

L.R.: ¿En algún momento habéis tenido que disminuir vuestra actividad por falta de financiación? 

G.J.: Sí, hubo un año en el que llovió muchísimo y eso provocó varios desperfectos a lo largo de todo el recorrido del museo. En aquel momento, el proyecto aún no se había consolidado del todo, por lo que hacer frente a esos daños supuso un esfuerzo económico considerable. Como consecuencia de estos gastos imprevistos, fue necesario reducir considerablemente la programación de ese año para poder destinar los recursos disponibles a la reparación y adecuación del espacio. 

Por lo demás, nunca hemos tenido problemas importantes de financiación. Una de las bases del proyecto es precisamente que sea sostenible, con el objetivo de asegurar su continuidad en el tiempo y poder seguir desarrollando actividades culturales. En este sentido, consideramos fundamental que las personas que trabajan en el ámbito de la cultura como artistas, comisarios, músicos u otros profesionales reciban una remuneración por su trabajo y que estos honorarios sean dignos.  

No obstante, como proyecto de pequeña escala, también somos conscientes de nuestras limitaciones económicas. Sabemos que no podemos asumir determinados cachés muy elevados, por lo que la programación se adapta a las posibilidades reales del museo, intentando siempre mantener un equilibrio entre la sostenibilidad del proyecto y el respeto por el trabajo de las personas que participan en él. 


<<He comprendido la importancia de permitirme equivocarme, porque muchas veces lo más interesante sucede cuando te equivocas, en el error>>


L.R.: Gerezi, ¿cuáles han sido los mayores retos a los que te has enfrentado al recibir esta responsabilidad sin experiencia previa en un cargo como el que tienes ahora? ¿cómo los has gestionado? 

G.J.: Ha sido un proceso complejo. Por un lado, a nivel emocional ha sido duro tener que reconfigurar y buscar nuevas “soluciones” para un proyecto que mis padres iniciaron juntos, y continuar con él tras el fallecimiento de mi padre. Asumir esa responsabilidad implicaba también hacerse cargo de algo que tiene una carga afectiva muy grande. Por otro lado, al principio, me daba miedo imponer mis propias ideas o mis formas de hacer dentro de un proyecto que ya tenía una trayectoria y una identidad muy marcadas. Sin embargo, con el tiempo, encontrar un equilibrio entre lo que ya existía y mis propias propuestas no ha sido tan difícil como pensaba.

Otro de los retos ha sido aprender a dirigir el museo sin contar prácticamente con experiencia profesional previa en el sector. En muchos momentos el proceso ha consistido en aprender sobre la marcha, preguntando, observando y apoyándome en las personas que ya formaban parte del proyecto o que tienen más experiencia en el ámbito cultural. Creo que uno de los aprendizajes más importantes para mí está siendo precisamente aprender a delegar y confiar en el trabajo colectivo. 


L.R.: ¿Qué te hubiera gustado saber antes de empezar que ahora sabes? 

G.J.: Antes de empezar, me hubiera gustado saber tomarme todo con más calma. Con el tiempo, he aprendido que la metodología en la que más cómoda me encuentro es una metodología queer o torcida. Una forma de mirar de reojo, de no fiarme completamente de mis afirmaciones y de buscar rendijas donde se revelen otras posibilidades. También he comprendido la importancia de permitirme equivocarme, porque muchas veces lo más interesante sucede cuando te equivocas, en el error. Estoy aprendiendo a aplicar los procesos de duda, ajuste y corrección como elementos centrales de la investigación y la creación. 


L.R.: ¿Crees que tu edad ha sido un condicionante a la hora de enfrentarte a la administración pública?

G.J.: En cuanto a la relación con la administración pública y con otros agentes culturales, creo que mi edad sí ha sido en algunos momentos un condicionante a la hora de establecer relaciones profesionales. También he percibido en alguna ocasión que, por ser la hija del escultor, ciertas personas tienden a infantilizar mi posición, como si mis padres me hubieran dejado todo hecho o como si yo no fuera capaz de generar mis propias conclusiones. No obstante, estas situaciones han sido puntuales y, en general, he estado cómoda en todas las situaciones laborales que he vivido. 


L.R.: ¿Piensas que espacios como Ur mara cuentan con el suficiente apoyo social, económico, etc.? 

G.J.: No, creo que existen muchos espacios muy interesantes que no reciben el apoyo suficiente. En nuestro caso, el apoyo social es muy grande, contamos con una comunidad de personas a las que el proyecto les ilusiona y que, al mismo tiempo, nos transmiten esa ilusión y nos animan a seguir adelante. 

Sin embargo, considero que, hoy en día, el apoyo institucional o el de ciertas entidades privadas hacia proyectos como este es bastante limitado, especialmente cuando se trata de iniciativas que no responden a un modelo orientado al beneficio económico. Proyectos como Ur mara no buscan lucrarse, sino proponer espacios alternativos desde los que pensar, compartir y experimentar la cultura, y precisamente ese tipo de propuestas son las que con frecuencia encuentran más dificultades para recibir apoyo estructural. 


L.R.: ¿Cuáles son vuestros objetivos cara a futuro? ¿Qué deseos tenéis para Ur mara? 

G.J.: No queremos quedarnos estancadas en un discurso, nos interesa seguir trabajando la idea del museo o del espacio cultural como un proyecto en constante mutación, donde crear también sea jugar, explorar y cuidar. Más allá de iniciativas concretas, nuestro deseo es que Ur mara siga siendo un lugar de creación, encuentro y reflexión, donde se exploren nuevas formas de relación con el territorio, la tradición y la creatividad. Queremos mantener la flexibilidad que permite a colaboradores, voluntarios y visitantes participar de manera cercana y significativa, y que el museo siga inspirando reflexiones sobre ruralidad, arte y comunidad, consolidándose como un espacio donde lo local y lo cultural dialoguen de manera viva y transformadora.  


Jardín e invernadero de Ur mara




 





















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