POR UN JARDÍN GUERRILLERO: UN PASEO REVERDECIENDO JARDINES

Por: Adriana Inclán Alfonso y Ainhoa Corrochano Ibáñez. 

Reverdeciendo Jardines es un colectivo autogestionado que junto a los colectivos de Urracas Con Agujas y Amigos del Ajedrez forma parte de la gestión de la Asociación Vecinal Juan Tornero, ubicada en el madrileño barrio de Puerta del Ángel (Pl. Egabro, 9, Latina, 28011 Madrid). 

El primer acercamiento a esta Asociación y sus integrantes se produjo de manera muy orgánica. Como vecina del barrio, una de nosotras paseaba por la Calle Caramuel cuando una pancarta que decoraba la sede desde fuera llamó su atención por su texto. “La única biblioteca de Puerta del Ángel”, rezaba. Tras una serie de chats dispersos por redes sociales pudimos concretar una primera conversación el sábado 21 de febrero, día en que Reverdeciendo organizaba una actividad colaborativa para decorar ladrillos que embellecerían el barrio. Allí conocimos a los integrantes del colectivo, que se mostraron alegres y dispuestos a tener una conversación más larga y distendida con nosotras. 

De aquel día surgió este texto, que lejos de ser una transcripción literal, ha tomado las ideas principales de nuestra charla imitando un formato de preguntas y respuestas que trata de transmitir la naturalidad con la que discurrió el encuentro. La entrevista se desarrolló mientras paseábamos por el barrio junto a Jesús, uno de los fundadores de Reverdeciendo y presidente de la asociación vecinal por imperativo burocrático, pues él no se refiere a sí mismo como tal ni considera que su cargo conlleve más importancia o responsabilidad que el resto. Gracias a esta conversación, muy cercana e informal, pudimos presenciar de primera mano las intervenciones y logros celebrados por el colectivo, viviendo además una experiencia afectiva y diferente que nos llevó a repensar la presencia de los espacios verdes de Madrid, conociendo a algunos de los vecinos implicados en su transformación. Pese a que estos sean cada vez menos, sigue habiendo intención de cuidarlos al máximo. 

Intervenciones vecinales en los espacios verdes del barrio 


Nosotras: Muy buenos días, Jesús. Dinos, ¿nos puedes contar un poco más sobre los orígenes de la Asociación Vecinal Juan Tornero? 

Jesús: Claro, que sí, chicas. La sede de la Asociación Vecinal tiene sus raíces en un edificio que se construyó al mismo tiempo que las viviendas de la colonia, en la década de los 60. Como dato curioso, se dice que la colonia ocupa el área de lo que fue la Quinta del Sordo de Goya. Este edificio inicialmente servía como centro de administración de la colonia, con conserje, jardineros y personal encargado de las reformas y obras. Hacia finales de los 60 las funciones de administración fueron abandonadas y se fundó la Asociación Vecinal Colonia Juan Tornero, que desde entonces ha mantenido una actividad casi ininterrumpida, siendo una de las asociaciones vecinales más antiguas de Madrid. 

N: ¿Cómo funcionaban las asociaciones vecinales en ese tiempo? 

J: Las asociaciones vecinales en aquellos años eran muy poderosas y tenían una gran presencia en los barrios. Recogían las inquietudes de los vecinos y organizaban actividades que cubrían un amplio espectro: fiestas, bailes, comedores, bibliotecas y hasta todo tipo de eventos y celebraciones, incluidos cumpleaños o el Día de Reyes. Funcionaban como centros culturales, o lo que se conocía como "casa del pueblo", siguiendo la tradición de los movimientos socialistas y comunistas. Era el lugar de encuentro de la comunidad, un espacio donde los vecinos podían reunirse y compartir. Estos centros eran esenciales, especialmente para la gente trabajadora, y proporcionaban una estructura organizativa que hoy en día ha desaparecido en muchos barrios. 

N: ¿Qué ocurrió con las asociaciones en las últimas décadas? 

J: Con la llegada de la democracia, la modernidad y la influencia de la Unión Europea, las asociaciones vecinales comenzaron a perder fuerza. El ocio y la cultura cambiaron, las nuevas generaciones comenzaron a tener otros intereses y los modelos tradicionales de reunión comunitaria pasaron a un segundo plano. Además, muchas de las personas que antes se involucraban activamente en las asociaciones comenzaron a formar parte de movimientos políticos, abandonando estas actividades vecinales. Esto hizo que las asociaciones, que habían sido un pilar clave de la vida vecinal, dejaran de ser el centro de actividad que fueron durante tantas décadas, perdiendo también fuerza y potencial político. 

N: Entonces, ¿cómo se ha logrado mantener la actividad de la Asociación Vecinal Juan Tornero hasta la actualidad? 

J: Aunque la Asociación ya no tiene la misma fuerza que en los 70 u 80 sigue siendo un punto de referencia como espacio para abordar los problemas del barrio. Limpieza, inseguridad, obras, dotaciones... son temas que siempre han estado presentes y que siguen siendo una prioridad, y aunque ahora no contamos con tanta participación activa como antes, los problemas siguen existiendo y se sigue trabajando en ellos. 

N: ¿Cuándo entra el proyecto de Reverdeciendo en escena? 

J: Reverdeciendo surgió cuando varios grupos pusieron en común la idea de que había muchos espacios verdes en el barrio, pero que estaban bastante descuidados. Estas áreas verdes eran monótonas, sucias, cerradas y quedaban reducidas a cagaderos de perros. Vecinos como nosotros decidimos actuar, inspirados por modelos europeos y otras iniciativas en Madrid, para transformar estos espacios en lugares más limpios, bonitos y cuidados. La idea era no solo hacer algo estéticamente agradable, sino también crear un refugio climático en pleno Madrid, un lugar donde los vecinos pudieran disfrutar de un espacio verde en el que poder sentarse, relajarse y escapar del calor. 

N: ¿Cómo ha evolucionado el proyecto desde entonces?

J: El proyecto empezó en 2017 a pequeña escala, con vecinos que decidieron plantar en los jardines cercanos a sus casas, extendiéndose en la actualidad a tres zonas diferentes del barrio. Durante la segunda fase de la pandemia, cuando la gente tenía más ganas de salir de casa, el proyecto ganó fuerza y empezamos a trabajar en conjunto con otros vecinos, pues estábamos haciendo lo mismo en diferentes espacios del barrio, pero sin tener un lugar común o recursos compartidos. 

Vista aérea de la colonia. Se pueden apreciar las “islas” verdes marcadas con estrellas

 

N: ¿Y en qué momento coinciden Reverdeciendo y la Asociación? 

J: Nosotros y los otros grupos, las Urracas y el grupo de ajedrez, no contábamos con muchos recursos ni un espacio de reunión para desarrollar nuestras actividades. Como sabíamos que la Asociación estaba bastante desactivada, presentamos una candidatura única y conjunta y acabamos por configurar una nueva junta directiva para la Asociación. Ahora gestionamos el local conjuntamente, incluyendo la actividad de la biblioteca. 

N: ¿Cómo funciona este modelo de organización? 

J: Nos organizamos de forma horizontal e inclusiva, sin estructuras jerárquicas, con un modelo basado en asambleas y grupos de trabajo donde las decisiones se toman por consenso y no por mayoría. Trabajamos y nos organizamos por el bien común, por lo que todos los vecinos que lo deseen tienen derecho a participar y poder de decisión. 

 N: ¿Qué significa para ti y para los vecinos de la colonia este tipo de autogestión? 

J: La autogestión es esencial para nosotros. La Asociación no funciona con una jerarquía tradicional; no se trata de que el presidente tenga más poder o más voz, sino que todos los que formamos parte de la comunidad tenemos el derecho de participar en las decisiones. Creemos que, para construir una comunidad fuerte, cada vecino debe sentirse parte activa y responsable del proyecto. Esta es nuestra visión y creemos que es lo que mejor refleja las necesidades de la comunidad en que vivimos. 

N: Centrémonos ahora en la actividad específica de Reverdeciendo. ¿Cuáles dirías que son vuestros objetivos en la práctica? 

J: La mejora de los espacios del barrio pasa por replantar los jardines, lo que los hace más atractivos, pero también mejora la calidad de vida de los vecinos desde un punto de vista que atiende no solo al cuidado de lo común, sino también de las personas. La colonia tiene caminos muy estrechos, por lo que buscamos hacerlos más cómodos para que puedan atravesarse fácilmente y se conviertan también en zonas de paseo para la tranquilidad y el disfrute. Además, la sombra y el frescor en verano ayudan a bajar la temperatura incluso en el interior de las viviendas. Así no solo son espacios bonitos, sino también funcionales. 

 N: ¿Y cómo organizáis el trabajo en el terreno? 

J: El trabajo está organizado en "islas" de plantas delimitadas con materiales reciclados como piedra, cerámica o madera para evitar que se pisen y se destruyan accidentalmente. Empezamos con una pequeña isla y, desde allí, vamos expandiendo a otras zonas y otros jardines. Plantamos algún almendro, laureles, nísperos, lirios (que también sirven para delimitar), cactus, tomillo, romero y lavanda. También hemos dejado crecer algunos árboles de manera espontánea, los cuales hemos estabilizado para que crezcan bien. Y mirad, esta es nuestra compostera. Aquí recogemos restos orgánicos que usamos para abonar las plantas. 

Compostera 

Isla más cercana al Parque Caramuel 


N: Entendemos que estos trabajos necesitan un cierto nivel de inversión, aunque sea humilde. ¿Cómo gestionáis vosotros los recursos económicos del proyecto? ¿Habéis tenido dificultades? 

J: Hasta este año nos hemos autogestionado completamente. No hemos tenido ningún gasto significativo porque usamos materiales reciclados y reutilizados en la medida de lo posible. Las plantas nos las cede el Ayuntamiento de Madrid a través del vivero del Retiro, y las herramientas las hemos comprado poco a poco entre los miembros o nos las han cedido los vecinos. No necesitamos mucho porque todo el trabajo es manual, pero este año, por primera vez, solicitamos una subvención para comprar azadones, guantes, tijeras de podar, tierra... ese tipo de cosas. Los socios también colaboran con una cuota simbólica de un euro al mes para la financiación de la actividad de todos los grupos. 

 Vamos ahora a la Plaza No-Plaza. 

 N: ¿La Plaza No-Plaza? ¿Qué nos puedes contar de ella? 

J: La "Plaza-NoPlaza" era un espacio abandonado que, gracias a la participación de los vecinos, hemos transformado en un lugar más agradable. Los chavales que viven por aquí y pasan las tardes sentados en los bancos con sus colegas nos vieron limpiando y plantando en los jardines y se sumaron a la idea. Mira, por ahí van los chicos, son dos hermanos los que organizaron al resto, ¿qué tal tíos? Estos chicos empezaron plantando varias especies y luego decoraron la plaza, pintando las macetas y las estructuras que ya estaban aquí. Ahora se ha convertido en un espacio mucho más agradable y de uso comunitario. 

N: ¿Qué tipo de usos dais a la No-Plaza? 

J: Además de convertirse en un microclima para el verano, en abril organizamos una actividad donde invitamos a vecinos y familias y les hacemos una ruta por las zonas verdes, como la que estamos haciendo ahora, para que nos conozcan. Después, organizamos una comida comunitaria debajo del árbol de la plaza. Este espacio ahora está más bonito y es utilizado por los vecinos para descansar y disfrutar. La gente tiene muchos prejuicios, ¿sabéis? No se acercaban por aquí ni para pasear al perro porque veían a unos chavales latinos sentados en un banco y les generaba cierto rechazo. Ahora que el espacio está decorado y es agradable todos se acercan, muchos de ellos sin saber que son sus vecinos latinos los que lo han arreglado. Al final, todos convivimos y formamos parte de una comunidad que comparte problemas y trata de encontrar soluciones. 

Detalles de la No-Plaza intervenidos por vecinos


N: Este tipo de problemas, ¿son recurrentes? ¿Habéis encontrado algún tipo de oposición al proyecto? 

J: Nunca hemos encontrado ninguna oposición directa, la mayoría de vecinos nos preguntan qué tal o nos dejan a nuestro rollo, pero sí hemos tenido numerosas trabas administrativas, especialmente con el Ayuntamiento. Hemos intentado obtener permisos para plantar árboles porque tienen que ingresarse en el censo que controla las especies, pero no hemos recibido apoyo. Incluso invitamos al concejal a participar en una pequeña celebración en el Parque Caramuel por el Día del Árbol, pero se negaron. Los gestores del Ayuntamiento no quieren coordinarse con nosotros y prefieren no reconocer nuestro trabajo, seguramente porque esto implicaría admitir que no están haciendo las cosas bien. Además, nuestra labor tampoco responde a sus intereses políticos. Si yo no creo en la agenda 2030, ¿por qué iba a hacer caso a los “hippies” de las plantitas? 

N: Entonces, ¿cómo sería vuestro modelo ideal de colaboración con el Ayuntamiento? 

J: No queremos que el Ayuntamiento nos dé dinero, pero sí queremos que se involucren más con los vecinos y nos apoyen en el trabajo que estamos haciendo. Yo he llegado a hacer un dosier indicando los alcorques vacíos del barrio con su localización geográfica exacta para que el Ayuntamiento cumpliera con la ley y replantara los árboles que faltaban, pero no sirvió de nada. Nos gustaría que la administración pública generara grupos de trabajo con los barrios para abordar las necesidades de cada uno, construyendo un trabajo colaborativo donde de verdad se solucionaran los problemas. En un mundo ideal nosotros no haríamos este trabajo porque el ayuntamiento sería responsable de escuchar nuestras necesidades y atender a nuestras peticiones. 

N: Llevamos todo el paseo viendo cómo trabajan los barrenderos, jardineros y limpiadores municipales. ¿Tenéis problemas de este tipo con ellos? 

J: Para nada, entre los que somos trabajadores de a pie nos entendemos, las complicaciones vienen con los de arriba... Ellos nos conocen y saben que hacemos una labor inofensiva, así que respetan las zonas que hemos delimitado y nosotros nos encargamos de delimitarlas adecuadamente para que no haya confusiones. Alguna vez viene alguno y te dice “yo hago lo que me dicen, soy un mandao’, pero os entiendo”, y hablas con ellos y te respetan. Son también vecinos del barrio y saben que lo que hacemos nos beneficia a todos. ¡Si luego coincidimos en el bar tomando una cerveza! 

N: Por todo lo que nos cuentas, Jesús, parece que Reverdeciendo se ha construido de forma muy orgánica, con vecinos y gente de la zona que os ve y se une a la iniciativa. 

J: Exactamente, es justo eso. Mirad, esta es la zona de Las Glorias. Se llama así porque Gloria, una vecina que es una señora mayor, y su amiga, se encargan de cuidar este jardín. Tienen muy buena mano con las plantas y aprendemos mucho de ellas, la verdad. ¿Veis qué bonito lo tienen? Aquí antes había un banco, pero el ayuntamiento lo quitó porque parece que la gente joven habitando el espacio molesta. 

Cartel en la zona de Las Glorias que invita a la participación ciudadana en el proyecto


N: Además de ocupando el espacio, ¿cómo lográis que los vecinos os conozcan y participen? 

J: La gente empieza a conocernos por el boca a oreja y algunos por redes sociales, donde publicamos información sobre nuestras actividades. Siempre organizamos una actividad grupal el penúltimo sábado del mes que preparamos en las reuniones que celebramos todos los miércoles. En estas reuniones decidimos qué materiales necesitamos y cómo se va a desarrollar. Cualquier vecino puede participar y plantar lo que desee, pero siempre recomendamos que lo hagan en estas jornadas para conocer al resto de miembros del barrio y contribuir a la comunidad. A medida que las personas ven lo que estamos haciendo, se suman y empiezan a trabajar en otras zonas. 

N: ¿Creéis entonces que el proyecto ha tenido impacto en la comunidad? 

J: Nos gusta pensar que sí, y que este impacto ha sido positivo. Los vecinos han comenzado a cambiar sus rutas por el barrio para pasar por los espacios que hemos transformado y ver cómo evolucionan. Nos hemos dado cuenta de que la gente, especialmente los más cercanos, se ha vinculado a la asociación de manera más directa. Al principio éramos pocos, pero ahora contamos con una comunidad más grande, que trabaja conjuntamente y mantiene una relación sana que va más allá del trabajo en el terreno. 

N: Para concluir, ¿cómo veis el futuro del proyecto? 

J: Vemos un futuro donde los vecinos sigan involucrándose y donde el proyecto continúe creciendo, aunque sea con pocos recursos. Nuestro enfoque es trabajar con lo que tenemos, con poca expectativa, pero logrando grandes resultados visibles. Creemos que, si el Ayuntamiento colaborara, podríamos lograr mucho más. Pero, por ahora, seguiremos trabajando con la comunidad, aprovechando los recursos disponibles y promoviendo un barrio más verde y acogedor para todos. 

N: Esperamos que así sea, Jesús. Muchas gracias por todo. 

J: Gracias a vosotras, chicas. Vamos a volver, que ya se está yendo el sol. 

Almendro crecido de forma espontánea y cuidado por los vecinos


La entrevista concluyó en el mismo sitio donde comenzó, en la sede de la Asociación, donde nos invitaron a participar en las actividades y prometimos mantener el contacto. Con unos calendarios de regalo bajo el brazo, charlamos sobre la experiencia, que encontramos muy enriquecedora. Estuvimos de acuerdo en que los modelos de autogestión horizontal son la forma más efectiva de atender a las necesidades de una comunidad en busca de soluciones, y compartimos nuestra frustración con la falta de colaboración administrativa, que puso de relieve las fricciones entre el poder de la política de partidos y la acción política independiente. 

El enfoque en lo común, las políticas de cuidados, la reconquista del espacio público, la participación colectiva, los saberes compartidos y el sentido de comunidad vertebran la acción de la Asociación Cultural Juan Tornero y, particularmente, de Reverdeciendo Jardines. La lucha y el trabajo colectivo resultan particularmente inspiradores en un contexto de crisis ecosocial, recordándonos que aún existen pequeños oasis al fresco en medio de una jungla de cemento donde la gestión comunitaria y el cambio son posibles.

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