Conversando con Oumaima Manchit Laroussi. Colectivo Al’Akhawat

 


Introducción

Al’Akhawat es un colectivo constituido hace dos años por cinco artistas conectadas por su experiencia migratoria y descendencia ancestral magrebí con residencia en España. Integrado por: Oumaima Manchit Laroussi, Sanae El Mokaddim Ayadi, Karim Khourrou Gadour, Youssef Taki Miloudi y Aicha Josefa Trinidad Gououi; el grupo reúne trayectorias atravesadas por el arte, la poesía y la fotografía. Todo con una marcada implicación en la investigación, se crea un espacio común desde el que pensar la identidad como una realidad compleja nutrida por sus desplazamientos, herencias familiares y culturales, junto a sus vivencias dentro y fuera de los marcos de la institución-nación. Afirman su presencia en una práctica formada por los saberes, relatos y sensibilidades nacidos del cruce entre lenguas, territorios y memorias.

Actualmente, el colectivo se encuentra en residencia en La Casa Encendida, donde desarrollará un programa público de actividades e investigación. En esta entrevista se conversó con Oumaima Manchit Laroussi (Boujdour, 2001), una de sus integrantes, artista e investigadora cuyo trabajo se centra en el lenguaje, la memoria y la resistencia. Marcando las tensiones entre archivo y oralidad, preguntándose qué es lo que se conserva y lo que se transmite de cuerpo en cuerpo.

Para la realización de esta entrevista, se ha optado por un modelo abierto y no estructurado, priorizando un enfoque basado en metodologías cualitativas. La elección de este marco metodológico responde a objetivos que trascienden lo puramente periodístico para situarse en un plano afectivo-relacional. Es decir, más que buscar la generación de un conocimiento objetivo sobre el colectivo Al’Akhawat, nuestra intención ha sido construir un espacio de reconocimiento mutuo y comprensión desde nuestras propias posiciones y experiencias dentro del sector de la gestión cultural. Intentando evitar la jerarquía entre sujeto entrevistado y sujeto entrevistador, hemos planteado un diálogo que fomenta la escucha activa y la construcción compartida de saberes.

Así mismo ha de tenerse en cuenta que el colectivo está formado por 5 integrantes y que la entrevista solo se ha realizado a uno de ellos.  Aunque a modo de portavocía esto es sugerente, comprenderlo dentro de un marco relacional más amplio es necesario tanto para mantener la rigurosidad, como para poder comprender y poner en valor la verdadera dimensión afectiva del proyecto Al’Akhawat.


Entrevista

Se enciende la grabadora con el consentimiento informado de Oumaima unos 30 minutos después de haber empezado a conversar.

  1. ORÍGENES

Julia Romeu: Cuéntame un poco más sobre la Bienal y el proceso de buscar convocatorias. 

Oumaima Manchit: Cuando recién empezó el colectivo nos habíamos presentado primero a la convocatoria de Casa Árabe, la de Nur. En esa no nos cogieron porque era un proyecto donde planeábamos una curaduría pero de nuestras propias obras individuales. Buscábamos un gesto desde donde poder hablar de estas referencias que nunca habíamos encontrado en la academia hasta conocernos. No se dio y, a partir de ahí, surgió la Bienal de TEA Tenerife Espacio de las Artes. Estábamos en proceso de conocernos y, al mismo tiempo, comprender los procesos que nos atravesaban, al ser tan distintas en el caso de la migración, y el cómo nos afectaba esa realidad. Sobre todo porque todas habíamos crecido en un entorno donde se nos había alejado por completo de la idea de la comunidad y de realmente ver en los espacios públicos a gente que se nos pareciera y compartieran las mismas vivencias. 

Julia Romeu: ¿Y sobre qué año estamos hablando?

Oumaima Manchit: 2024

Julia Romeu: ¡Wow! Os habéis constituido hace muy poco como colectivo. 

 Oumaima Manchit: Sí, de hecho, el mes pasado cumplimos dos años.

Julia Romeu: ¡Enhorabuena! ¿Me podrías contar un poco sobre cómo os conocisteis y de dónde surgió la idea?

Oumaima Manchit: Nos conocimos entre  2023 y 2024. Comenzó con mi llegada a Madrid para cursar el máster de creación en la Complutense.

En ese primer mes, hubo una exposición en La Casa Encendida donde proyectaron la segunda película de la trilogía Tetuán, Tetuán, Tetuán, de Adrián Schlinder. Allí estaba Aisha, porque aparecía en la película y también hacía una lectura performática. Yo llegué al final, vi la proyección y fue la primera vez que estaba en una sala con otra persona de origen marroquí. De repente había encontrado una referencia en mí mismo espacio, e inevitablemente nos mirábamos: yo sabía que teníamos que hablar. Cuando terminó, invitaron a todas las personas visitantes a ir a tomar algo, nos conocimos y le compartí el contacto. En aquella exposición también había estado Karim, pero no nos vimos ni interactuamos. Aisha le propuso quedar más adelante en otra exposición, que fue en Felipa Manuela y allí estaba Youssef. Así se conocieron los tres.

Dos meses más tarde recibí un mensaje de ella diciendo: “Mira, estoy en un trabajo donde buscan asistentes para un artista, por si te gustaría unirte, porque creo que me gustaría que, si alguien se beneficia, fuera gente de mi entorno”. Le dije que sí. Era el proyecto de Dèjà vécu, de Asunción Molinos Gordo, y allí conocí a Youssef, porque él también se unió. Lo que hacíamos era que, cada vez que terminábamos el trabajo, por la noche nos quedábamos a tomar un café antes de que Youssef volviera a Cuenca.

Era de nuevo, una forma de ponernos al día de qué clase de infancia habíamos tenido, porque los dos llegamos a España con seis años. Éramos los que habíamos tenido esa realidad dividida: haber crecido y absorbido contexto allí, y luego venir aquí para adaptar toda esa realidad. Y fueron semanas de todos los días, llamadas de: “A ti también, a mí también”. 

Un mes más tarde, él tuvo una presentación en una tertulia poética. Fui a escucharle y allí estaba Sana. En esa tertulia volvió a ocurrirme algo parecido a lo que me había pasado con Aisha, pero esta vez con otra persona que llevaba hijab. Había crecido en un contexto en el que era “la única”, la que quedaba fuera de plano. Situarme en un espacio con alguien similar fue muy sanador en ese momento. Esto ocurrió en diciembre.

A finales de enero o principios de febrero, nos llegó a todas una notificación de un nuevo grupo de WhatsApp que se llamaba, creo que ya tenía el nombre, Al’Akhawat. Había gente a la que no conocía. Aisha dijo: “Mira, he creado este grupo porque cada vez que tengo una conversación individual con alguna de ustedes, siempre se repite, y veo que todas tenemos mucho en común. Es una conversación que solo puede activarse en comunidad, así que vamos a generarla”. Allí nos presentamos y dijimos de quedar. Quedamos la semana siguiente y, rodeadas de té y hierbabuena, empezamos a conocernos y a plantear de qué investigaba cada una, viendo que, a pesar de ser muy diferentes, en el fondo era más de lo mismo.

Julia Romeu:  Entonces fue súper orgánico. Poco a poco, os fuisteis encontrando y reconociendo mutuamente en espacios afines. Vamos ¡predestinadas totalmente!

Oumaima Manchit: (Risas) Sin duda estaba destinado a ser, de repente coincidimos todas el mismo año, habiendo solo dos personas que son de Madrid.

2.              ¿QUÉ ES AL´AKHAWAT?

Julia Romeu: Entonces, la idea de formar el colectivo comienza con Aisha, que crea ese grupo y todo ese potencial. ¿Qué significa exactamente Al’Akhawat ?

Oumaima Manchit:  Hermanas, o el gesto de hermanar. Normalmente, la traducción es hermanar: situar los conocimientos de manera horizontal. En verdad, ella no estaba muy lejos de eso, decía: ‘Sí vamos a crear algo, que sea con este gesto familiar, de hermanas que se encuentran, se cuentan, se sostienen, y se dejan sostener.

Julia Romeu: Que se plantee como un verbo es muy potente. ¿Y os sentisteis todas a gusto con el nombre?

Oumaima Manchit: En ningún momento se cuestionó,  tenía todo el sentido del mundo. El otro día, en la exposición de la UAM, nos preguntaron por qué habíamos escrito el nombre de esa manera. Estamos entrando en una etapa en la que se busca retomar los orígenes del lenguaje y su herencia lingüística del Al-Ándalus. En ningún momento llevaba corchetes ni separaciones. Entonces, en nuestro nombre, ese Al, ¿por qué lo estábamos separando de Al’Akhawat? También nos preguntaban por qué lo escribíamos con Kh y no con J. Obviamente, se crea en un contexto español y tiene más sentido que haya una J que una Kh, que al final remite a toda la herencia colonial francesa que ha permanecido forzosamente en el territorio. Estamos en un punto en el que, cuando nos piden la biografía, decimos que somos desde el Atlas hasta el Sáhara, hasta el Estado español. Creo que el nombre es irónico respecto a todas esas capas de violencia y reconoce que eso sigue estando. Aunque aquí, en España, el nombre cuesta un poco leerlo, no lo pensamos mucho.

Julia Romeu: Gracias por compartir esto conmigo, para mí esas capas de violencia colonial en vuestro nombre son imperceptibles si tú no me las señalas. Claro, os juntáis y, supongo: empezáis a definir líneas porque sois un colectivo o… ¿Cómo os definiríais? 

Oumaima Manchit: Solemos decir que somos un colectivo, uno que hace, que investiga, porque la mayoría de nosotras estamos atravesadas por la academia y queremos habitar y hacer un acto de presencia. Nos han salido con este discurso de que no podéis hablar de estas realidades, ni hablar de vuestro contexto ni de vuestra memoria, porque es una simbología que en este territorio no se entiende ni busca ser entendida. Es emanciparnos también, y esa palabra era muy necesaria.

Decimos que Al’Akhawat hace más referencia a la idea de generar comunidad. No somos solo  nosotras cinco, sino todas las personas que nos acompañan, tanto en los encuentros que se dan como en las conversaciones. Ahí están nuestras madres, nuestros familiares…porque al final Al’Akhawat busca desdibujar todas estas fronteras de autoría y de individualidad.

Julia Romeu: Claro, está esa distinción entre: ser una plataforma para desarrollarse profesionalmente, entonces existe esa necesidad por presentaros como con un “lacito formal", pero que al mismo tiempo tiene esa propuesta más afectiva que prima entre vosotras. En términos formales, ¿lo definirías más como un colectivo de investigación artística, más que como un colectivo de artistas? ¿O las dos solapadas?

Oumaima Manchit: Pueden ir solapadas. Cada vez más estamos más cuidadosas con el lenguaje, porque, nos dimos cuenta de cómo enfrían esos vínculos de los que se habla. Creemos que la investigación tiene más sentido como práctica artística, porque no pertenece únicamente a quienes investigan desde la academia. En el propio barrio todas las vecinas son investigadoras, cargan con una forma de conocimiento que tiene mucho más valor que una persona que se autodenomina.

Julia Romeu:  Y ¿tenéis unos objetivos o una propuesta política definida? 

Oumaim Siempre hemos tenido objetivos. El primero nació de una necesidad, el poder ser nosotras y el conseguir crear un espacio donde presentar a más referentes. Activar conversaciones que nos hubiera gustado tener a lo largo de nuestro proceso. Nos gustaría poder generar un archivo con todo ello, tanto aquí en el territorio como fuera de él.

Por otro lado, también buscamos generar una comunidad real. Poco a poco lo hemos ido notando, pero necesita tiempo. Buscamos que nos escriban y que podamos tener estos diálogos. A veces recibimos mensajes por Instagram de: “Estoy haciendo esto”, y me faltan las referencias y las herramientas. Nosotras podemos ser ese puente de conexión.

Para nosotras, el puente ha sido el mismo, nos han señalado una coordenada, y han sido unas cargadas de estas capas de exotización. Buscamos hacerlo de la manera más sana posible. Por ejemplo, esto lo conecto a un concepto de Benumeya que se llama el mediodía, que es volver a estas prácticas de comunidad, lo asocia a la época de Al-Ándalus, donde además de convivir todas las religiones y etnias, había un sentido de responsabilidad. Si el vecino no podía ir a hacer una recogida del agua para su terreno, el resto del barrio se comprometía a ayudar. Era una cosa cíclica donde nadie estaba por encima del otro, todos entendían que el beneficio de uno era uno colectivo. Estamos intentando llegar a ese ideal. A ver si se logra algún día.

Julia Romeu: Ojalá, qué bonito sería. Para mí, como creo que para muchas otras personas, esa idea de generar comunidad está tomando un lugar central en sus vidas. Que haya una reciprocidad y una cooperación al margen de lo institucional es algo muy importante. Creo que es un deseo muy profundo que estamos desarrollando muchas personas en contextos muy diferentes, y que de alguna forma todos estamos apuntando hacia el mismo lugar, pese a este malestar del que hablábamos antes.

Oumaima Manchit: Se siente muy bien compartir ese sentimiento de que realmente se está convirtiendo en una necesidad el estar rodeadas de más personas y permitirnos ser sostenidas. Estamos en un contexto de individualidad máxima: al intentar sacar los estudios, conseguir un trabajo, una vivienda… toda esa energía que antes se destinaba a generar vínculos con el entorno se va perdiendo, porque no hay tiempo.

3.              DECOLONIZACIÓN EN TENSIÓN

Julia Romeu: Ahora, creo que voy a hacer que te mojes poquito sobre la noción de decolonialidad. Tal vez sea un sesgo mío, pero parece como si el movimiento decolonial estuviera siendo absorbido y desactivado por ciertas instituciones grandes. Al mismo tiempo, existe una contraposición entre decolonialidad y anticolonialidad ¿tú qué opinas? 

Oumaima Manchit: De hecho, lo vimos en el encuentro que hubo en febrero, de diversidad, que hicieron en Infinito Delicias. Criticaban el decolonizar, tan apropiado por las instituciones que ya carece de sentido. Nosotras estamos orientandonos a ser anticoloniales. En los proyectos en los que hemos participado con este discurso decolonial, se presentaba una propuesta para rellenar un segmento de una esquina que había quedado vacía, y de ese modo, validarse. Nos decían: “Queremos que estén para que, justamente, cuando se den estos discursos erróneos, los puedan señalar y abolir”. Entonces nos colocaban en ese lugar de tener que corregir esa mirada blanca, mientras que la propia mirada blanca e institucional aceptaban que se equivoca, pero no hacían nada para arreglarlo. ¿Por qué tenemos que hacer el ejercicio nosotras? Si ya de por sí tenemos que hacerlo en el día a día.

Era esta cuestión de cómo se investiga y presenta la colonialidad desde las instituciones y los grandes museos. Lo que a mí más me preocupa es, de nuevo, la exposición de estos cuerpos vulnerables y hacerlo, además, de una manera errónea. Como en el caso del dilema del orientalismo y de los fotógrafos europeos con el norte de África, los propios museos conservan esto en sus colecciones. Nos llegaban las propuestas desde un: “Tenemos esta colección y con este nuevo ambiente de decolonialidad, queremos denunciar estas entidades”, pero las exponen en las paredes del museo. Son cuerpos que han sido vulnerados, violentados…el hecho de exhibirlos públicamente, hace más de lo mismo. Seguimos violentando a estos cuerpos ausentes, que ahora en las investigaciones se presentan como cuerpos fantasmagóricos. Hay una responsabilidad que no se ha cerrado del todo.

Cada vez que se hace un reclamo por parte de los cuerpos racializados hacia este tipo de problemáticas, se defienden desde argumentos como: “Yo he estado una semana en Marruecos, en Egipto, sé lo que estoy haciendo”. O: “Me traigo a una investigadora que ha estudiado algo de la historia de representación iraní, y así ya puede hablar por todos los cuerpos del norte del territorio”. Hay un rechazo hacia otras posibilidades y además, se nos ha tenido como un peón. En reuniones y en investigaciones, no se nos ha permitido hablar, pero ahí estamos, al final de la web, como mediadoras. En primer plano se encuentra la mirada institucional y el investigador blanco, pero nosotras estamos ahí para sostenerlo. Son propuestas que hemos decidido nunca publicar. Nos queremos desligar al completo. Ha sido hacer de nosotras objetos de estudio, aplicando además esta exotización y orientalismo. En el caso del Prado, recibimos comentarios como: “añadan cosas en árabe” para que se vea más interesante. ¿Y toda la programación y discursos que hemos escrito? Quedan enterrados. Buscan posicionarnos desde el lado que incomoda. Quieren colocarte en este pedestal, para que te miren, sientan incomodidad y sientan culpa por su pasado. ¿Por qué tengo que estar ahí?

Julia Romeu: Cuando realmente la verdadera incomodidad es la que genera el agresor.

Oumaima Manchit: Y que esa agresión solo se señale cuando estén estos cuerpos enfrente

Julia Romeu: Claro, lo que genera incomodidad es que se hace presente la violencia a través del cuerpo, pero esa violencia ya estaba ahí y por lo tanto esa incomodidad también. 

Oumaima Manchit: Al final, cuando nos resistimos a estas propuestas institucionales, la respuesta es: ‘lleváis poco trayecto, no sabéis lo que hacéis, tienes que confiar en mí, porque yo obviamente llevo mucho más trayecto de investigación’. Quizás lleves más tiempo pero es a mí a quien atraviesan esas violencias de las que tú quieres hablar.

Corte por digresión

4.              HORIZONTES AFECTIVOS

Julia Romeu: Y, para finalizar esta entrevista: ¿qué significa para vosotras crear comunidad a través del arte? Que es muy bonita para cerrar. ¿Y hacia dónde os gustaría que evolucionara Al’Akhawat?

Oumaima Manchit: El arte, en un inicio, era lo primordial. Habíamos comenzado el colectivo con esta mentalidad de generar exposiciones. Cuando presentamos el MAS212, en la Bienal ocurrieron matices: la gente dejaba objetos personales, escribía sobre las paredes del locutorio y por primera vez en el museo habían entrado chavales marroquíes. Se habían enterado de que había un locutorio y querían sacarse fotos. Entraron y empezaron a gritar: “¡Ay, que hablan lo mismo que yo!” Que el gesto de una pieza genere una excusa para entrar al museo y darte un espacio; sentir que tu cuerpo puede estar al igual que cualquier otro. Esto es algo que no vivieron nuestros padres. No creían tener acceso a una cultura, ni tenían parámetros para entenderla. 

En otra pieza hubo personas que dejaron números de abogados de la isla. Para renovar el NIE o cualquier otro certificado no hay citas, nunca las hay en todo el año, de modo que se generan prácticas ilegales dentro de la propia institución, donde esas citas se conciertan y se venden por 200 euros. Lo que surgió de ahí fue cómo la propia comunidad va hackeando esos sistemas.

Al final, así debería ser. Esta idea de generar una obra que permanezca ahí, bien protegida, rodeada e intacta, frente a la posibilidad de algo que pueda ser intervenido y convertirse en un espacio realmente útil para la propia comunidad… a mí me hizo estallar la cabeza. 

A partir de ahí, nos orientamos más hacia encuentros de mediación, talleres y conversatorios. Practicamos el gesto de sentarnos separadas, de modo que no se supiera quién llevaba el taller. Una empezaba a decir algo, otra respondía, y se generaba un conversatorio sin que se supiera quién mediaba. Fue muy bello, y de ahí surgió nuestro primer fanzine, escrito por todas las que estaban. También era una forma de pensar en los méritos que se quedan la institución, el comisario o el artista, cuando en realidad son las participantes. ¿Por qué habría de llevarme un mérito? Yo he hablado un 0,2 % en comparación con todas las que han estado.

Más allá del colectivo, vimos la necesidad de habilitar un espacio en el que poder reunirnos para hablar sin el marco frío de la institución, donde había que medir las palabras porque alguien grababa o tomaba apuntes. Teníamos un documento de Word bastante cutre en el que íbamos leyendo lo que había escrito el resto, añadiendo comentarios, tachando cosas, y daba igual, porque lo importante era disponer de ese espacio. Nos planteamos de qué manera producir una obra que quedara en un tercer plano y funcionara como excusa para el encuentro. Estamos trabajando de nuevo en la instalación después de casi un año, pensando justamente en eso: en cómo habilitar un espacio de descanso en formato instalativo que permita sentarse, descansar o hablar. Sin embargo, al trabajar con instituciones y plantearles esto nos dicen: “Pero yo necesito un resultado, algo físico”. Y les decimos: “Pero es que el conversatorio en sí es lo que vale”. Y responden: “¿Yo qué muestro?”. Esta idea de los méritos.

Julia Romeu:  Es valiente también, y creo que habla muy bien de vosotras como investigadoras y como artistas. Porque creo que, hasta cierto punto, es normal que la gente tenga esta aspiración autoral, también es una posibilidad de mejorar tus condiciones. Es valiente y es también un acto de mucha humildad y mucha coherencia. Algo mucho más centrado en el proceso con la comunidad que en el resultado. Muchísimas gracias por esto, Omi. 

Oumaima Manchit: Ojalá sea algo guay, la verdad.

Julia Romeu: Seguro que sí. Muchas gracias

 


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