Una sobremesa con Martina Rodríguez Morán
Una sobremesa con Martina Rodríguez Morán
Habitar el margen, Tha House como práctica de gestión desde la
intimidad productiva.
29 de enero del 2026
Juan Ojeda
Maria Fernanda L. Canaán
Claro de Luna. Cortesía de Martina Rodríguez Morán.
Tha House nació como un taller y espacio creativo pensado por Martina Rodriguez Morán para satisfacer sus necesidades como artista, especialmente el deseo de un lugar que conecta artistas, arquitectos y otros agentes culturales, priorizando la colaboración y el apoyo mutuo tanto a nivel local dentro del contexto del barrio de Carabanchel donde se encuentra, como a nivel nacional e internacional.
Tha House no busca replicar las estructuras formales de una galería tradicional, sino ofrecer un ámbito flexible, cómodo y seguro para la producción y exposiciónartística. Martina y su equipo gestionan todos los aspectos logísticos, desde el mantenimiento del espacio hasta la curaduría y la comunicación con artistas y público.
El enfoque es minimalista, aprovechando los recursos disponibles (como pintar suelos de blanco para las exposiciones), priorizando el esfuerzo y la energía sobre el gasto económico excesivo. Tha House desafía el modelo comercial típico de las galerías o de centro cultural y prioriza la creación de comunidad, aunque eso implique salir del circuito tradicional y asumir riesgos.
Llegamos a Tha House sin saber que nos iríamos cuatro horas después. El espacio (un antiguo local transformado con andamios, pintura blanca y obstinación) no se impone como galería ni como taller en el sentido tradicional. Se parece más a una casa en suspensión: una casa donde no se duerme, pero donde se vive el trabajo.
La entrevista empezó con una preocupación técnica: que la grabadora no fallara.
“Es típica cosa que no graba bien y de repente se te va todo al carajo”, dijimos entre risas nerviosas. Cuatro horas después, el miedo ya era otro: cómo condensar una conversación que había dejado de ser entrevista para convertirse en sobremesa.
Tha House no busca replicar las estructuras formales de una galería tradicional, sino ofrecer un ámbito flexible, cómodo y seguro para la producción y exposiciónartística. Martina y su equipo gestionan todos los aspectos logísticos, desde el mantenimiento del espacio hasta la curaduría y la comunicación con artistas y público.
El enfoque es minimalista, aprovechando los recursos disponibles (como pintar suelos de blanco para las exposiciones), priorizando el esfuerzo y la energía sobre el gasto económico excesivo. Tha House desafía el modelo comercial típico de las galerías o de centro cultural y prioriza la creación de comunidad, aunque eso implique salir del circuito tradicional y asumir riesgos.
Llegamos a Tha House sin saber que nos iríamos cuatro horas después. El espacio (un antiguo local transformado con andamios, pintura blanca y obstinación) no se impone como galería ni como taller en el sentido tradicional. Se parece más a una casa en suspensión: una casa donde no se duerme, pero donde se vive el trabajo.
La entrevista empezó con una preocupación técnica: que la grabadora no fallara.
“Es típica cosa que no graba bien y de repente se te va todo al carajo”, dijimos entre risas nerviosas. Cuatro horas después, el miedo ya era otro: cómo condensar una conversación que había dejado de ser entrevista para convertirse en sobremesa.
¿Cómo surge el concepto de Tha house?
Bueno, yo creo que va surgiendo todo como muy despacito. O sea, hay veces que parece que es un concepto muy claro desde el principio que se arma muy espontáneamente, sin embargo detrás hay como toda una serie de empujones, como de cosas que quieres a futuro, vas encontrando herramientas y vas trabajando para que sucedan cosas, pero tampoco con una idea super clara. Tha house es mi taller. Entonces, cuando un artista se imagina dónde quiere pintar, pues, para mí, creo que es esto. Un sitio con una luz especial, perfecta, con espacio y básicamente como una casa de día, o sea, una casa donde poder venir, estar, e irte luego a tu otra casa, pero con el trabajo hecho.
Bueno, yo creo que va surgiendo todo como muy despacito. O sea, hay veces que parece que es un concepto muy claro desde el principio que se arma muy espontáneamente, sin embargo detrás hay como toda una serie de empujones, como de cosas que quieres a futuro, vas encontrando herramientas y vas trabajando para que sucedan cosas, pero tampoco con una idea super clara. Tha house es mi taller. Entonces, cuando un artista se imagina dónde quiere pintar, pues, para mí, creo que es esto. Un sitio con una luz especial, perfecta, con espacio y básicamente como una casa de día, o sea, una casa donde poder venir, estar, e irte luego a tu otra casa, pero con el trabajo hecho.
¿Cómo lo empezaste a construir?
El espacio tenía posibilidades, entonces, al llegar también te das cuenta que, que has construido o que el concepto de hacer lo mínimo, maximiza las posibilidades que realmente también tienen las galerías o los espacios que exponen a otros artistas. ¿Qué es lo que tienen? Pues paredes, luz y espacio. Luego, a fin de cuentas, es que tu casa de repente se convierte en un sitio en el que puedes compartirla. Como enamorada del arte, al final me he dado cuenta de que he construido un sitio donde todo conecta, en vez de tener que ir a otros sitios a construir los sueños de otras personas. Se trata al final de un sitio confortable, seguro, en el que simplemente cuidas de tu trabajo, de tu negocio y a la vez apoyas a otros artistas.
¿Cómo te identificas? ¿gestora cultural, artista, galerista…?
Es que se me ha llamado galerista, de repente empecé a ser galerista en Madrid y hablaba con gente y me decían: ¿Ah, sí? Tiene una galería y es galerista. Luego esto, para mí y para los demás, es como un espacio que se abre a la libertad del artista, pero no es una galería definitivamente. Hay veces que en los espacios artísticos (a no ser en los museos) la libertad está muy condicionada por el mercado.
Háblanos un poco sobre tu vinculación con Llanes...
En Llanes, Asturias, me encontré con una sala del ayuntamiento que tenían para exposiciones y actividades culturales. Luego resulta que con un comisario de arte que conozco de allí también, porque hay gente que trabaja en el arte en Asturia en pueblos pequeños, empezamos a contar y nos salieron dieciocho artistas contemporáneos, vivos, trabajando, intentando como resolver sus proyectos.
Hice una oferta al Ayuntamiento. Y les dije: Oye, ¿es que no os dais cuenta que aquí hay cantera y que toda esta gente nos tenemos que ir al Ayuntamiento de Badajoz porque ellos tienen un programa de concurso o una exposición? O sea, digo Badajoz por decir, me refiero que tenemos que repartirnos por España a buscarnos las castañas y aquí hay el espacio. A fin de cuentas, Llanes es un pueblo con muchísimo turismo. Entonces me senté, redacté un proyecto, hice un calendario, un presupuesto y la logística base. Y ahora ya llevo un año y medio trabajando allí porque me compraron el proyecto que se ha llamado Llanes AC. Este proyecto lo llevo yo sola (como gestora) y en Tha House somos dos personas, la curaduría y la logística y algunas cosas las compartimos.
Es decir, para mí tanto Tha House como Llanes AC me permite no estar a pie de cañón (como figura visible) y que sea como una cosa que puede existir, sola, satélite. Es como una marca o como un concepto en el que realmente puedo estar yo, pero igual podría estar otra persona. Todo está construyéndose y fluyendo constantemente, es decir, Tha House parece ser que es un espacio, pero quizás no es un espacio, es la creatividad de un grupo, de un equipo detrás. Entonces, puede ser un espacio, una marca o un equipo cambiante.
¿Cómo quieres habitar el espacio, los tipos de proyectos que acoges, cómo se relacionan con el espacio? ¿Qué tipo de conceptos, de discursos habitan a The House?
Tampoco hay una dirección clarísima a nivel galería de arte, es ir invitando a gente, básicamente. Gente que conoces o gente que te contacta y qué dices tú: «Tú sí».
Que se da de una forma casi que orgánica, ¿no?
Sí, luego a fin de cuentas, como todo el mundo que gestiona su galería, te tienen que gustar (las obras) y nosotros conocemos este sitio, hemos pintado a brocha de blanco todo con un andamio, es decir, conocemos cada rincón y ambos somos artistas, entonces el ojo lo tienes muy domado ya. Entonces, pues intentas que los proyectos tengan calidad o si vas a invitar a alguien que va a comisariar ellos una exposición pues que esa gente tenga una calidad ¿no? No todo vale luego a fin de cuentas Con mucho mimo acompañando todo.
¿Cuánto tiempo y cómo te relacionas con las exposiciones?
Las exposiciones las hemos dejado meses abiertas al público con horario pero al día siguiente no viene nadie. Ya igual te cae un goteo de 2 o 3 personas, además siendo un espacio relativamente emergente fuera del centro. Fuera del circuito. Que bueno, pues ahora en Carabanchel hay sitios, pero están un poquito más arriba.
¿Cómo te estás relacionando ahora mismo con todo el ecosistema de Carabanchel, con el barrio?
En el cuadro artístico pues de alguna forma hay un punto que se considera como penalizador cuando montas una cosa en la que, por ejemplo, no tenemos un horario fijo. Entonces, como no somos una cosa, no somos otra, genera confusión. Entonces, cuando, por ejemplo, quieres pertenecer al grupo de galerías de Carabanchel, pues ahí, por ejemplo, ya te dicen: no, pero ¿qué horario tienes? Y yo, depende. Pues ninguno. Igual estoy abierta un mes porque tengo una exposición (y al siguiente no).
Entonces, de alguna forma hay un punto (que a mí no me preocupa) como de libertad que todavía simplemente es que no encajas en ningún sitio porque no eresuna cosa extrema, no eres un sitio como con una estructura cerrada. Entonces, igual yo puedo tener la puerta cerrada al público un año y a mí no me importa. Pero claro, a una gente que se está organizando para gestionar a gente para que vaya a ver sus galerías, tener un sitio que está cerrado un año igual no es viable. Yo igual no hago exposiciones en 2 años o igual hago una mañana. Dependiendo un poco de cómo vaya. De repente llega a un punto en el que consigo externalizar, te digo que soy yo y otra persona. Entonces, ahora mismo, pues si estoy en Llanes no puedo estar en
Madrid. Si estoy yo con una expo o preparando un solo show (personal como artista) no puedo estar montando. Entonces, de alguna forma es un proyecto que a mí personalmente de momento me sirve así. Pero a nivel comercial, público y demás, pues hay que tener una serie de pautas que de alguna forma, pues no se cumplen (de manera tradicional).
Por tanto no es un “hacer por hacer” todo el tiempo, constantemente, para el público en una vorágine super productiva de cultura…
Para atraer a gente también, es como que Tha House tiene un punto de atracción y no estar como yendo a todos los lados para estar presente. Me permite también poder desaparecer un tiempo para producir y centrarme en otros proyectos. Entonces, a nivel barrio lo que hacemos es que cuando estamos abiertos, pues ofrecer todo lo que tenemos.
O sea, que luego, a fin de cuentas, lo malo que tiene es que estás fuera de circuito. Cuando sucede esto de alguna forma tienes menos conexión sólida con tu ambiente, pero también la flexibilidad, la libertad de poder decidir tú por dónde ir. Tener margen de reacción es importantísimo para mí, porque no sé lo que va a pasar dentro de dos días.
Sí, eso es lo que dices del margen, no tener que estar produciendo para que siempre esté lleno de personas. Al final es una manera de constituir comunidad, pero la comunidad quizás no siempre tiene que ser constante. Lo que planteas es
que cuando abres el espacio es de todos y cuando no, es tuyo para poder estar
en barbecho…
Es eso, es mi taller. Entonces, ahí se abre, se cierra y se ha hecho todo lo posible para también promocionar otra gente y promocionarme a mí. Hacer, pero también deshacer es importante y buscar nuevos caminos.
Claro de luna. Cortesía de Martina Rodríguez Morán.
Las exposiciones que has traído aquí eran bastante instalativas, no es tan común en este momento...
Bueno, es que aquí te lo pide a gritos. A no ser que sea una cosa muy canónica de pintura o algo así a muchos artistas lo que le pide es trabajar con el espacio. O sea, te pide trabajar el espacio, no solo la pared. Pero yo viniendo de la arquitectura, tiene ese punto positivo en el que no estoy encerrada. O sea, de alguna forma yo siempre tiendo a abrir las cosas, cuanto más sea posible abstraerlo.
Bueno, es que aquí te lo pide a gritos. A no ser que sea una cosa muy canónica de pintura o algo así a muchos artistas lo que le pide es trabajar con el espacio. O sea, te pide trabajar el espacio, no solo la pared. Pero yo viniendo de la arquitectura, tiene ese punto positivo en el que no estoy encerrada. O sea, de alguna forma yo siempre tiendo a abrir las cosas, cuanto más sea posible abstraerlo.
Exposición Gravedad Relativa, Raquel Lobos y Furii. Cortesía de Martina Rodríguez
Morán.
Exposición A square in the forest. Cortesía de Martina Rodríguez Morán.
Nos comentabas también sobre la posibilidad de crear otras ramas de Tha House que se dedicaran a la arquitectura y a la música..
Exacto. Sí. Es que claro, son cosas que pertenecen a tu vida y no te puedes escapar, ¿no? Yo soy una persona muy musical. Mis padres me metieron a solfeo, estudié piano, toqué algo la guitarra y bastante el saxofón. Es decir, yo en mi infancia todo el rato con música.
Entonces, hay un arte que se llama la música, ¿no? Ahora mismo estoy hablando con un DJ dominicano que me encanta desde hace muchos años. Ya estoy preguntando sobre cómo es la logística en el mundo de la música para poder traerlo. Me encantaría terminar haciendo un apartado de Tha House con el que se pueda alquilar espacios, salas y montar a grupos de artistas que tienen como una energía, una calidad. Pues ese tipo de ideas están ahí…
Exacto. Sí. Es que claro, son cosas que pertenecen a tu vida y no te puedes escapar, ¿no? Yo soy una persona muy musical. Mis padres me metieron a solfeo, estudié piano, toqué algo la guitarra y bastante el saxofón. Es decir, yo en mi infancia todo el rato con música.
Entonces, hay un arte que se llama la música, ¿no? Ahora mismo estoy hablando con un DJ dominicano que me encanta desde hace muchos años. Ya estoy preguntando sobre cómo es la logística en el mundo de la música para poder traerlo. Me encantaría terminar haciendo un apartado de Tha House con el que se pueda alquilar espacios, salas y montar a grupos de artistas que tienen como una energía, una calidad. Pues ese tipo de ideas están ahí…
Luego está la arquitectura también…
A fin de cuentas, conozco a un montón de gente que me preguntan siempre: «Oye,¿conoces a alguien que haga casas? ¿Conoces a alguien que me pueda hacer una reforma? ¿Conoces a alguien que tal?» Luego te das cuenta de estás siendo un núcleo de conexiones pero que acaban quedando a la deriva. Es como que ya son muchos años de estar ayudando, haciendo comentarios, que luego sabes que la gente te tiene en cuenta. De alguna forma no porque te vuelva, también se te acaba la gasolina.
Quizás ahí un poco la importancia de definirte como gestora cultural, porque al final lo que estás haciendo también es poner en contacto a muchas personas, todo el rato.
Tengo esta visión un poco más periférica con la que sé lo que está haciendo mucha gente, muchos profesionales vinculados al mundo del arte y puedo hacer conexiones muy interesantes. Lo que pasa es que cuando veo esa conexión, también se me escapa situarme a mí dentro de ese entramado. De alguna forma, no ser como tan inocente ¿sabes? Ver si lo puedo centralizar, porque luego soy yo la que estoy conectando todas estas cosas, aunque la gente lo sepa, luego estoy yo pasando penurias intentando llegar a fin de mes todos los meses y la gente con unos negocios funcionando estupendos porque tú vas ayudando poquito a poco.
Por eso quiero intentar darle la vuelta al calcetín y decir: voy a absorber yo desde Tha House arquitectura, diseño, música… pero no absorberlo, sino centralizarlo en el que cuando alguien luego vaya a Tha House, sepa que puede consumir arte en varias direcciones.
Lo bueno que tiene todo esto es que aprendes muchísimo. Con respecto a toda la gente que ha pasado por aquí, es como pagarte tu propia universidad, construirte tu propia universidad, porque la cantidad de cosas que he visto y la cantidad de cosas que he aprendido.
¿Cómo crees que ha podido influir en tu producción artística antes y después de empezar a estar tan en contacto con toda esta escena?
Por ejemplo, en la exposición de Juan Antón, o sea, en exposiciones que se han quedado aquí un mes en las que yo he utilizado esto de taller a la vez. Me quedo pintando aquí lo más discreto posible con el máximo respeto. De hecho, cambié del formato grande y empecé a hacer esas piezas en A5, esos dibujos que os enseñé antes porque yo solo tenía esta mesa. Entonces algunas veces he resuelto algunos cuadros gracias a otros cuadros que han estado expuestos. Hay cuadros que se te enquistan y de repente hay formas geométricas que están ahí que te ayudan a superar tus propios problemas. Es como tener un libro abierto, como cuando abres una referencia de la gente que te gusta. Si te nutre, pero no te cambia. Es como una referencia, es como estar pintando en medio del Museo del Prado.
Es un lujo, la verdad, pero yo creo que he aprendido más a nivel laboral, humano, es decir, yo creo que tener únicamente la perspectiva de ser pintora, de estar en el estudio y luego salir al mundo y no comprender cómo trabaja otra gente… yo he jugado o intentado jugar a ser la galerista que me gustaría tener a mí.
Exposición Juan Antón. Cortesía de Martina Rodríguez Morán.
¿Cómo son las relaciones tanto con el mercado como con los artistas que exponen aquí?
Estamos ahora ideando formas en las que participar, apoyar a los artistas, sin entrar en guerra o bueno no lo llamaría guerra, porque no hay de ninguna forma por nuestra parte con nadie, pero sin entrar en conflicto de intereses con respecto a galerías. Cuando tú apoyas a un artista, cuando le das una exposición, luego siempre está el cacho del pastel, quien se lo queda si hay una venta. Es una cosa que es delicada siempre. El artista se lleva la mitad, pero la otra mitad está para la galería. Si la galería trabaja, promociona, gasta dinero en representar un artista, la otra mitad es perfectamente para la galería y está bien ganada. Si de repente empiezan a aparecer otros agentes a darle mordiscos a los cachos del pastel, al artista no le puedes quitar dinero. Pero si en el otro lado hay una galería ya entran los porcentajes a negociar, pues en ese momento hay veces que se puede dañar o perjudicar al artista porque esas dos partes no se ponen de acuerdo en el caso de que las haya. Entonces, hay veces que las galerías bloquean oportunidades de colaboración porque, claro, la galería con la que hay un contrato firmado (aunque no hayan llegado a mucho progreso) se entiende que no quiera repartir el 50% porqué representar un artista conlleva mucho desembolso.
Estamos ahora ideando formas en las que participar, apoyar a los artistas, sin entrar en guerra o bueno no lo llamaría guerra, porque no hay de ninguna forma por nuestra parte con nadie, pero sin entrar en conflicto de intereses con respecto a galerías. Cuando tú apoyas a un artista, cuando le das una exposición, luego siempre está el cacho del pastel, quien se lo queda si hay una venta. Es una cosa que es delicada siempre. El artista se lleva la mitad, pero la otra mitad está para la galería. Si la galería trabaja, promociona, gasta dinero en representar un artista, la otra mitad es perfectamente para la galería y está bien ganada. Si de repente empiezan a aparecer otros agentes a darle mordiscos a los cachos del pastel, al artista no le puedes quitar dinero. Pero si en el otro lado hay una galería ya entran los porcentajes a negociar, pues en ese momento hay veces que se puede dañar o perjudicar al artista porque esas dos partes no se ponen de acuerdo en el caso de que las haya. Entonces, hay veces que las galerías bloquean oportunidades de colaboración porque, claro, la galería con la que hay un contrato firmado (aunque no hayan llegado a mucho progreso) se entiende que no quiera repartir el 50% porqué representar un artista conlleva mucho desembolso.
Luego las galerías tienen que tener un artista con currículum, con trayectoria... Y de repente hay gente que tiene una energía fresquísima, que no son nadie en el mundo del arte, pero les das espacio, te la lían y hacen magia.
¿Qué dos proyectos destacarías?
Con respecto a la perfección con el espacio fue Gravedad relativa de Furi Raquel. Estaba todo ajustado al espacio, de hecho es un proyecto que creo que se ha intentado volver a montar pero el túnel es una cosa muy site specific. La última expo que hemos tenido, la de Doménico, Square in the Forest. Esta fue un sueñohecho realidad, la calidad de esa expo era de Art Basel, las colaboraciones han sido increíbles. He hablado antes de conflictos en la colaboración, pero se está colaborando muchísimo de manera positiva. También se está abriendo para darle oportunidad a los artistas, para llegar a nuevos espacios..
Con respecto a la perfección con el espacio fue Gravedad relativa de Furi Raquel. Estaba todo ajustado al espacio, de hecho es un proyecto que creo que se ha intentado volver a montar pero el túnel es una cosa muy site specific. La última expo que hemos tenido, la de Doménico, Square in the Forest. Esta fue un sueñohecho realidad, la calidad de esa expo era de Art Basel, las colaboraciones han sido increíbles. He hablado antes de conflictos en la colaboración, pero se está colaborando muchísimo de manera positiva. También se está abriendo para darle oportunidad a los artistas, para llegar a nuevos espacios..
Una reflexión final…
Yo creo que todos estamos muy obsesionados con que las cosas tienen que girar en torno al dinero o a un rendimiento económico. Para mí, cuando pensé en lo que quería dedicarme, pensé en algo que me apasionaba, no en algo que me fuese a dar dinero. Siempre he intentado evitar esa relación directa. De alguna forma el dinero aparece y desaparece. Así que, a ver, vives un poco más arriesgado porque no tienes ahorros pero me compensa. Creo que los proyectos que luego terminan cuajando bien y funcionan es porque la gente los hace con pasión, luego llegas hasta donde llegas.





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