"Nunca hablamos de 'descubrir', sino de conocer y poner en contacto"
Por: Josseline Pinto y Don Jovan Rabago
Como parte de nuestro interés por explorar la escena del arte contemporáneo en España, tuvimos la oportunidad de conversar con Mónica Carroquino, directora de Catapulta. En esta entrevista buscamos comprender no solo la estructura y las líneas de acción de la plataforma, sino también cómo se construyen relaciones más horizontales y de acompañamiento entre artistas, curadoras y la escena cultural en general. A través de sus palabras, Mónica nos muestra cómo Catapulta funciona como un espacio híbrido entre lo público y lo privado, promoviendo la visibilidad de artistas emergentes y de media carrera, fomentando intercambios internacionales y reflexionando sobre las tensiones y oportunidades de la gestión cultural contemporánea.
Josseline Pinto y Don Jovan Rabago (JP y DJB):
Mónica, muchas gracias por tu tiempo en esta entrevista. Quisiéramos iniciar con una breve introducción del proyecto Catapulta. Nos interesa tener tu visión y tus palabras por escrito sobre: ¿qué es Catapulta?
Mónica Carroquino (MC):
Catapulta es una plataforma para apoyar a artistas, jóvenes y de media carrera, dentro del campo de las artes visuales en España, y ayudarles a internacionalizar sus carreras. Surge desde el sector privado, observando que la escena actual está en un momento de efervescencia, cada vez más diversa e interesante, pero que carece de visibilidad internacional. Hay una especie de ilusión interna de auge que no hemos logrado trasladar hacia afuera. Por ello, un grupo de filántropos y mecenas decidió intervenir y buscar soluciones, abordando una conversación relevante dentro del mundo del arte español. Llevo muchos años preguntándome cómo visibilizar el trabajo de nuestros artistas fuera del país.
Catapulta arrancó hace un año. En España existen iniciativas públicas con misiones similares, como Acción Cultural Española, que abarcan todas las disciplinas, y PICE, que ha ayudado a la movilidad de artistas. Sin embargo, Catapulta es más específico, enfocado en el arte contemporáneo y en acompañar a los artistas en su recorrido, generando conexiones, invitando curadores internacionales y facilitando el contacto cercano con el sector. También buscamos apoyar a comisarios, aunque por ahora hemos comenzado priorizando artistas. Este es el fundamento del proyecto.
JP y DJB:
Sabemos que Catapulta contempla cuatro líneas claras en la organización del proyecto. ¿Podrías contarnos sobre ellas?
MC:
Sí. Primero, organizamos viajes para curadores internacionales para conocer la escena local, empezando con curadores de bienales, pensando en colaboraciones a corto y medio plazo, y en el futuro, con instituciones. Segundo, la producción de obras nuevas. Tercero, premios a la creación. Y cuarto, la generación de un archivo de artistas españoles y extranjeros basados en España. Este archivo es una herramienta que busca ser útil para curadores, instituciones e investigadores, y será gratuito previa solicitud. Actualmente tenemos unos 500 artistas seleccionados con la colaboración de curadores de distintas regiones. Esto permitirá a los curadores planear sus visitas con mayor precisión, basadas en sus intereses. Aunque somos todavía una plataforma pequeña, queremos crecer y apoyar a más artistas.
JP y DJB:
Muchas gracias por este panorama. En clase hemos leído sobre gestión cultural crítica, como el libro de Carlos Almela sobre la filantropía bastarda, que cuestiona las intenciones y contradicciones de la filantropía cultural. Nos interesa saber: ¿dónde se ubica Catapulta dentro de esta ecología institucional? ¿Funciona como fundación, agencia de mediación o modelo de mecenazgo activista? ¿Cómo se toman las decisiones estratégicas entre los patronos y el equipo de Catapulta para fomentar estos tejidos y afectos?
MC:
España tiene poca tradición de filantropía; aún hay mucho por hacer. Catapulta surge en este contexto, complementando y empujando el tejido público. Somos un satélite en la constelación de proyectos privados, pero nuestra intención es inspirar futuros mecenas y filántropos. Por ahora somos un proyecto pequeño: estoy yo y otra persona más. El origen se relaciona con Francesca Thyssen Bornemisza, presidenta de la fundación TBA21, que inició Phileas en Austria como apoyo a artistas locales. Catapulta utiliza la estructura de TBA21 en España, aunque buscamos independencia futura. El tamaño y alcance actuales nos permiten dedicar tiempo de calidad a encuentros con artistas y comisarios, algo que organizaciones más grandes no siempre pueden hacer.
JP y DJB:
Gracias, Mónica. Nosotros venimos de comunidades que rara vez se representan en Europa (Guatemala y Filipinas). Al invitar a curadores internacionales a conocer la escena local, ¿cómo evitan dinámicas extractivistas y aseguran un tejido profundo y horizontal?
MC:
Primero, nunca hablamos de “descubrir”, sino de conocer y poner en contacto. La escala del proyecto permite cuidar cada proceso, respetar a los artistas y planear visitas con tiempo, evitando momentos saturados de ferias o eventos. Los curadores seleccionan a los artistas de acuerdo con sus intereses, y nosotros facilitamos sus recorridos a partir del archivo que mencioné. El tiempo y la calidad de los encuentros son clave. La diversidad del contexto local está siempre presente; buscamos abrir conversaciones, conectar personas y fomentar proyectos auténticos, no visitas rápidas ni extractivistas.
JP y DJB:
Sobre el futuro de Catapulta, ¿qué alcance planea tener en los próximos cinco años?
MC:
Queremos reforzar la parte económica, activar colaboraciones y apoyar a más artistas y curadores. Este año cerramos varias colaboraciones con bienales en Estambul, Helsinki y Montreal. Lo interesante es que surgen encuentros significativos entre quienes desconocían la escena, sorprendidos por la calidad de las artistas y del contexto institucional. El objetivo es mantener la apertura, agregar nuevas miradas y seguir aportando a lo que el sector necesita, sin cerrar estructuras repetitivas.
JP y DJB:
Queremos plantearte la pregunta desde las epistemologías desde lo blando, como propone Blanca Arias. Desde la curaduría, nos cuestionamos cómo se generan las relaciones entre curadoras, artistas, el espacio y el público, y dónde están los límites. ¿Cómo se podrían acompañar los procesos de los artistas más allá de los proyectos específicos?
MC:
Me parece un planteamiento muy válido. Tiene que ver con el tiempo: acompañar a los artistas, conversar y compartir aspectos que no son solo del estudio, sino de la vida misma. Todo esto aporta muchísimo, y espero que avancemos en esa dirección.
JP y DJB:
¿Cómo se diferencia Catapulta de otras instituciones, como Fundación Carasso o Montemadrid?
MC:
Catapulta es distinto. La visión curatorial es abierta y compartida; me considero facilitadora de muchas voces. Las diferentes curadoras y artistas definen cómo se desarrolla el proyecto, y mi rol es coordinar. Siempre hay decisiones personales, pero no se trata de un control centralizado.
JP y DJB:
Por último, TBA21 tiene un enfoque ecológico. ¿Impacta esto en Catapulta o ustedes tienen otras líneas de investigación?
MC:
Nos influye en la medida que muchos artistas trabajan con esos temas, pero Catapulta no impone agendas. Apoya los intereses de artistas y curadoras, y se adapta a sus procesos. Las colaboraciones iniciales han sido con curadores seleccionados previamente, pero la plataforma mantiene apertura y conexión con los temas que atraviesan el presente del arte contemporáneo. Por eso el nombre “Catapulta” tiene sentido.
JP y DJB:
Muchas gracias, Mónica. Hemos entendido mejor el proyecto y estamos muy satisfechos con la discusión y las respuestas. Gracias por tu tiempo.
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