MEMORIA y Realismo Capitalista: Los límites de la gestión crítica en la práctica galerística

 

                                        MEMORIA y Realismo Capitalista:                                      
Los límites de la gestión crítica en la práctica galerística

Entrevista a Alejandro de Villota, director y fundador de la galería MEMORIA

    Rebeca Fernández Asenjo
Ana Gandía Casasnovas


Galería MEMORIA en la calle Piamonte 19, su sede más céntrica

Nuestro interés por este encuentro nace de una doble motivación: el perfil de Alejandro de Villota como egresado de nuestro máster y su firme apuesta por el arte latinoamericano contemporáneo. A través de este diálogo, buscamos, en principio, explorar su trayectoria en la gestión cultural y el mercado del arte, vinculando su experiencia profesional con los conceptos analizados en nuestros seminarios. Es importante señalar que estos puntos constituyeron nuestros intereses de partida y los ejes que articularon la preparación del cuestionario; no obstante, estas expectativas iniciales no pretenden limitar el desarrollo orgánico de la conversación ni sus conclusiones.


P: En el programa estudiamos el tránsito del museo público a la institucionalidad neoliberal. ¿Cómo se posiciona MEMORIA y cómo lidiáis con la tensión entre las lógicas de mercado y el impacto social?

R: Trabajando mucho y con mucho esfuerzo económico. A corto plazo, un proyecto como este no resulta rentable a nivel de mercado inmediato; lleva tiempo crecer. Realmente, a corto y mediano plazo, un proyecto como MEMORIA no es rentable en el mercado primario. Tienes que esperar hasta lograr encauzar ventas institucionales, encontrar los clientes y poder crecer internacionalmente. Pero el posicionamiento de la galería sigue siendo precario y arriesgado.

P: ¿Qué prácticas de gestión aplican que se alejen de las galerías comerciales tradicionales de Madrid?

R: Principalmente, creo que es el contenido de investigación que tiene el proyecto. Es decir, el contenido crítico de la galería responde a un proyecto de investigación personal sobre arte latinoamericano. Es un proyecto de investigación convertido en galería; por tanto, el tiempo que llevan los proyectos es diferente a otros más comerciales donde el contenido es más ligero, menos crítico o menos académico. Yo no me fijo en los demás, estoy en mi proyecto. A priori, creo que este proyecto tiene una mirada más crítica e investigativa que otros, aunque es posible que otros también la tengan, pero no los conozco.

P: Esa delgada línea que hay entre la pasión por el oficio y la precariedad laboral que hay en el sector de las galerías en España, ¿cómo la lleváis desde MEMORIA? Porque sois María [la asistente de galería] y tú en principio…

R: Sí, luego hay personas externas que colaboran por proyectos y una red para temas editoriales. Intentamos tener una estructura flexible.

P: Poniendo como paradigma una galería más comercial o tradicional, ¿hay alguna medida que, desde MEMORIA, en cuanto a la crisis climática actual, en cuanto a logística –tipo transportes o embalajes–, se haya decidido tomar?

R: Bueno, nosotros reciclamos todos los materiales que llegan a la galería, pero sobre todo producimos todo aquí en el proyecto. Tenemos un proyecto de museografía propio; no gastamos, reciclamos todos los marcos de las exposiciones que producimos internamente. Supongo que así no producimos más huella de carbono... tampoco lo he pensado así, pero probablemente sea así.

P: Vuestra galería toca temas de archivo y memoria histórica. ¿Habéis sentido alguna vez la presión de la “censura o crisis de libertad” en este marco de “autoritarismos posdemocráticos” que analizamos en clase?

R: No, porque nosotros somos totalmente independientes. No operamos con dinero público. Hacemos lo que creemos que hay que hacer y punto. Otra cosa es que te compren las obras o tengas menos inserción mediática por tener cierta sensibilidad, pero nosotros tenemos mucha libertad e independencia; es la base del proyecto para poder programar como queremos. Yo, en principio, no he sentido esa censura.

P: Al igual que proyectos como Infinito Delicias o Paisanaje, ¿qué relación mantiene la galería con su entorno inmediato en Madrid? El caso de Recoletos y el de Carabanchel.

R: Nosotros colaboramos con diversos agentes. Por ejemplo, cuando hicimos la exposición con Eugenio Merino, organizamos una obra de teatro con Alberto San Juan; fue un evento gratuito de 600 personas recitando a Lorca. Al final somos un espacio público y gratuito, aunque sea de gestión privada. Intermediamos con universidades, colegios y otros agentes, colaborando siempre con el ámbito educativo como plataforma gratuita. No cobramos nada por eso, es parte de nuestra vocación.

P: ¿Cómo veis la posibilidad de un “mecenazgo comprometido con la justicia social”? ¿Es posible vender arte hoy sin alimentar las dinámicas del “realismo capitalista”?

R: Yo creo que sí. El mecenazgo siempre ha estado abierto a gestionar una causa social. Lo que falta en España es una Ley de Mecenazgo. Que haya búsqueda de tejido social existe; el problema es que la gente no se puede beneficiar fiscalmente por ello. En España no se puede transferir de lo privado a lo público porque la ley es inexistente, y ese es un problema que tenemos independientemente de la causa que cada uno quiera apoyar. El problema es que no existe un mecanismo público para ser mecenas; llevamos cinco o seis gobiernos intentando sacar esa ley. Nosotros colaboramos con coleccionistas que nos apoyan porque les gusta MEMORIA, los artistas y creen en el proyecto. Existimos gracias a ellos también.

P: Al revisar vuestro histórico de exposiciones, es evidente un compromiso muy sólido con la escena latinoamericana. ¿Puedes hablarnos un poco de los motivos que os llevan a seguir una línea de artistas enfocada en América Latina?

R: Bueno, esto es una línea de investigación personal porque he vivido ocho años en América Latina. A todos los artistas con los que trabaja la galería los he conocido personalmente y, además de haberlos investigado, ya trabajaba con ellos como curador y comisario antes de abrir la galería.

P: ¿Y estáis abiertos a otras propuestas de gente que quizás no hayas conocido o no hayas trabajado con ellos?

R: Sí, estamos trabajando con artistas nuevos todos los años.  Acabamos de fichar a dos artistas nuevos en la galería.

P: Alejandro, mirando atrás, a tu paso por este mismo máster, ¿en qué medida crees que esa experiencia académica y el contexto compartido que tenemos aquí influyeron en tu trayectoria y en la forma en la que hoy planteas tu labor como galerista?

R: El proyecto de MEMORIA es un proyecto curatorial; un espacio independiente con vocación de intersección entre la galería y el museo, pero que responde a mi mirada curatorial. El problema de ser un curador independiente en España es que falta trabajo. Trabajé para instituciones como el Museo de Houston y un poco en el Centro de Documentación del Reina Sofía. Pero trabajar como curador independiente era muy precario y preferí abrir un proyecto donde pudiese llevar a cabo mis propios proyectos curatoriales. La galería nace con mi vocación de ser curador en mi propio espacio. Antes del máster ya había curado alguna cosa, pero hice mi primera publicación académica con la UNAM casi a la vez que el máster. Estuve seis años como curador independiente, escribiendo y produciendo proyectos en Latinoamérica y Estados Unidos. En 2020, en pandemia, abrí la galería, pero realmente responde a mi vocación crítica y curatorial y a la necesidad de alimentar mis propios proyectos sin tener que gestionarlos a través de un tercero.


Valoración crítica de la entrevista: La brecha entre el discurso académico y la praxis de mercado.

Tras la entrevista realizada a Alejandro de Villota, queremos manifestar nuestro desencanto respecto a la profundidad del diálogo obtenido. A pesar de haber planteado cuestiones basadas en los ejes críticos del máster, como la crisis ecosocial, la institucionalidad neoliberal o la construcción de lo común, las respuestas recibidas tendieron a la simplificación y a un marcado individualismo curatorial.

Resulta especialmente reveladora la postura del entrevistado ante la crisis climática, admitiendo no haberla reflexionado y reduciéndola a un ahorro logístico interno; o su visión de la independencia como una "libertad" desvinculada de la responsabilidad pública por el mero hecho de no recibir fondos estatales. La recurrente mención a su "mirada personal" y a su "propio espacio" como respuesta a problemas estructurales de precariedad y gestión, evidencia una posición de privilegio que, en lugar de buscar transformar las dinámicas del mercado, las utiliza para validar un proyecto personalista. En conclusión, la entrevista subraya la distancia existente entre la teoría institucional que habitamos en el aula y un modelo de galería que, aunque se autodenomine "crítico", opera bajo las lógicas más tradicionales del mercado privado.

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